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[RP] Gobernantes del norte. Señores de Castellfosc.

Galbart


Era ya la segunda semana que dormía allí. Empezaba a acomodarse al castillo y sobre todo a recordar. Recordaba cómo era la vida de castillo, los protocolos, los actos, las jerarquías, las maneras con las que se debía tratar a cada persona... recuerdos nada agradables aquellos, sin embargo los que él más valoraba eran los que guardaba muy dentro de él.

Sacudió la cabeza y se incorporó, quedando sentado al borde de la cama, sintió la falta de Carrie, pero lo dejó pasar pensando que podría estar desayunando o en algún otro lugar. Fue hacia la ventana, quitó el postigo y abrió la ventana. Las mañanas empezaban a enfriar, sobre todo aquella en la que la lluvia había caído de manera suave pero continua. El día invitaba a no salir de la cama, pero era el nuevo señor de Castellfosc y debía ordenar la reconstrucción de la villa así como trazar los planes de las cosechas y organizar las guardias y cómo pagar a los empleados y... Respiró profundamente tres veces seguidas y se vistió. Lo pantalones, las medias y las botas negras, la camisa verde y la capa negra. Llevaba los colores de su casa, de su familia, la familia Donan-Munro que dominaba en Castellfosc y quién sabe si algún día, en algún otro lugar. Fue escaleras abajo y abriendo la puerta entró en el salón principal. Salía, justamente en frente de las dos sillas de roble en la que se sentaban los señores en las audiencias; a su derecha una gran mesa con sus sillas al rededor en dónde se reunían para desayunar, comer, cenar y ,en aquellos últimos días, para planificar los siguientes movimientos. En la sala también había chimeneas, una al lado de la puerta por la que acababa de salir, así los gases calientes calentaban la parte de arriba que era donde dormían los señores del castillo; había otras dos más, otra en frente de esta, y la otra al otro extremo del salón. La temperatura allí, era la óptima. Se fijó, pro primera vez en dos semanas, en la lámpara que colgaba del techo, tenía ocho brazos y le resultaba muy curiosa. Carrie, como bien supuso el escocés, se encontraba sentada en una de las sillas de la mesa, desayunando. Galbart se acercó y cogió parte de la comida de Carrie que se quejó aunque lo dejó pasar después del beso que Galbart le dio en la cabeza. El escocés sonrió y le dijo:

Hmm, me gusta eso de cambiar besos por comida, si te lo llego a dar en los labios, en vez de queso... ¿un buey?- Rió a carcajadas con la tontería que acababa de soltar. Cuando se calmó, se sentó al lado de Carrie y empezaron a hablar de lo que debían hacer. Una de las sirvientas del castillo, pasaba por allí.

Oye, trae papel, pluma y tinta.- Diligentemente ella obedeció al nuevo señor. - Creo que hay unos asuntos que debemos afrontar... como gobernantes de este lugar. - Observó el rostro de Carrie. Parecía que todavía trataba de asimilar aquello, o eso le hacía creer, pues muchas sobre las ideas que iban a hablar las había tenido ella. La empleada llegó con varios rollos de papel y los útiles de escritura. El escocés se lo agradeció con un par de denarios y ella se fue, dejando a Galbart y Carrie a solas con el crepitar de las llamas. El escocés hizo un plano muy básico del castillo en donde irían viendo las posibles mejoras.

Bien, tengo unas ideas sobre cómo podemos mejorar este sitio, en cuanto al nivel defensivo se refiere. Pero claro, del dicho al hecho hay un mundo de distancia. Para empezar, me gustaría añadir un portón en la subida al castillo, justo en el arco, algo que se pueda cerrar fácilmente y que suponga un obstáculo serio en caso de cualquier amenaza. Creo que es algo sensato. Quisiera también mejorar la muralla, poner almenas lo suficientemente altas como para que los arqueros puedan disparar y cubrirse para cargar. Tembién podríamos crear una salida de emergencia por una de las casas que hay en esta subida. Quizá hacer una falsa pared de madera o algo así... ooh también se me había ocurrido abrir un agujero para dejar una puerta en este lado del barracón, tal que si tenemos cerrado, sepan por dónde pueden acceder... aunque no sé si será buena idea... Pero sin duda alguna lo que más me gustaría hacer es un foso al rededor del castillo.- Hizo una pausa para pensar sobre lo siguiente que iba a decir pero la realidad acudió a él y antes de que Carrie replicara, él lo dijo.

Ya, no hay dinero. Y lo que hay es para reconstruir. Lo sé. Lo sé... - Se levantó de la silla y caminó hacia uno de los fuegos. -Divide y conquista, ¿verdad? Bien, hay grandes planes para estas nuestras tierras, pero vamos poco a poco, ¿qué es lo primero qué debemos hacer?

Nombrar a Romualde capitana de la guardia.- Dijo sin dar tiempo alguno a Galbart para que se girara.

Bien, dile que se le ofrece una de las habitaciones que quedan libres aquí en el castillo, después haremos una visita a nuestros vecinos contándoles las nuevas.

El escocés, entonces se perdió en sus pensamientos mientras Carrie redactaba un breve comunicado. El escocés le iba a dar vueltas al tema que les traía de cabeza. No podían hacer todo lo que querían sólo a base de impuestos, necesitaban un ingreso extra, pero... ¿dónde iban a encontrarlo aquellos dos gobernantes del norte?

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Galbart


-¡¡Mi señor!! ¡¡Mi señooor!! - Un hombre, enjuto, y con una azada en la mano se acercaba corriendo al escocés que estaba paseando por sus nuevas posesiones. El escocés se quedó quieto y se llevó la mano diestra hacia el mango de la espada. El hombre no se percató del gesto y le pidió que le acompañara a toda prisa. El de Caithness, fue tras él. El hombre no le dijo nada pues estaba más concentrado en respirar que en otra cosa. El olor de tierra mojada y los gritos de los niños acompañaban a la visión de las casas y del movimiento de las gentes, aún reacias hacia sus nuevos señores. Pronto se les pasará, decía el escocés, pero el tiempo pasaba y ellos seguían igual. Se concentró en lo que iba a pasar a continuación, no sabía lo que era y el campesino tampoco tenía ganas de decírselo, o eso parecía.

-Es ahí mi señor.- El de Caith se acercó a la gente que miraba al suelo y él también miró. Se trataba de un cadáver, pero un cadáver sin carne, sólo había huesos.

-¿Qué pasa? Son sólo huesos, ¿por qué tanto revuelo?- Preguntó el escocés de mala gana.

-Mi señor, no... no, no son unos huesos cualesquiera. Estábamos trabajando la tierra y... Oh Dios, fíjese en el cráneo, justo en la frente.- El escocés se acuclilló y observó la frente de aquel cráneo. Tenía una marca parecida al extremo de una llave. Entonces el escocés lo cogió entre sus manos, para verlo de cerca, y notó como los presentes daban un paso atrás. Miró al hombre que había ido a buscarle.

-¿Qué pasa? ¿Sabéis quién es?- Preguntó el escocés con curiosidad. La verdad es que la situación empezaba a ser cómica. Campesinos que huían de unos huesos, ¿qué clase de gente era aquella? Pero entonces el campesino le contó una historia al escocés. Una historia sobre el demonio y sus lacayos y de cómo los expulsaron, muchos años atrás, de aquellas tierras. Entonces el escocés asoció ideas y pensó en Chris Trolls, un comerciante nórdico que se dedicaba a ir de ciudad en ciudad buscando reliquias, entre ellas, los restos de aquellos clérigos del demonio.

-Esto le va a gustar a mi señora... quiero que vayáis esta misma tarde al castillo y le contéis esta misma historia mi señora. No se lo contéis a nadie más hasta habérselo contado a ella.- Se dio media vuelta, llevandose el cráneo entre sus manos, pero volvió a darse la vuelta y les dijo.- Por cierto, buen trabajo, quedáis invitados a una ronda de cerveza en la posada.- Y allí los dejó, desconcertados y sin saber muy bien qué era lo que tenían que hacer.


04/10/1463 21:59 : Ha encontrado un Cráneo de clérigo excavando en X19-Y29. ¡Rolee su descubrimiento en forum!

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Carrie.


Estaba con Lia dando una vuelta fuera del castillo. Si no estaba Galbart se sentía muy sola en el castillo. Grandes salas de piedra, frías, vacías... No estaba segura de si se acostumbraría a ver aquella posesión como su hogar. Era tan distinto de lo que ella conocía y de lo que había vivido. No le gustaban los nobles ni los actos protocolarios, siempre llenos de gente estirada y creyéndose mejor que los demás... cuando hasta un niño con una espada de madera podría con casi todos ellos.

Lía insistió en acompañarla. No quería que anduviera sola por las calles sola. Aunque la toma del castillo había sido rápida y con muy poca resistencia no conocían bien a esas gentes y no sabían en quien podía confiar en quien no. La mayoría de la gente había aceptado sin dificultad el cambio, pero había algunas voces que intentaban sembrar la discordia entre los nuevos dueños.

Vió a un grupo de niños sentados apoyados en la pared de una casa que no sabía si era la suya o no, dedujo que debían ser hermanos. A medida que se acercaban veía más su aspecto descuidado, se les veía hambientos.

Intentó hablar con ellos, pero apenas responían y lo hacían con desgana. En cuanto ella sacó de una bolsa unos trozos de pan y queso se abalanzaron sobre ellos.

- Tu, ¿como te llamas?- dijo Carrie dirigiéndose al mayor.
- Manuel, mi señora.
- Bien Manuel. ¿Tenéis familia o estás sólo con tus hermanos?
- Nuestra madre está trabajando en la taberna y no nos deja que nos acerquemos ahí. Y nuestro padre... murió...
- Muy bien Manuel.- con su manera de hablar sospechó que quizás su padre murió a manos de los suyos cuando conquistaron el castillo.- A partir de mañana te quiero en mi casa bien temprano para trabajar. Algo encontraremos de lo que te puedas ocupar. Con lo que te paguemos tendréis suficiente para comer y vestiros decentemente.

El chico aceptó,, aunque sospechaba que no de muy buen grado, pero la necesidad hacía que no llegase ni a cuestionárselo.

-¿Qué teneis pensado hacer con el chico, señora? le preguntó Lía mientras se alejaban de ahí.
- Pues lo que sea, que ponga piedras en la muralla, que ayude con las reparaciones, traiga agua de la fuente, o sirva a los soldados, aprenda un oficio, lo que sea. Hay mucho por hacer, seguro que nos sirve. No quiero que nadie de nuestras tierras pase hambre.

Se sentía cansada. -Volvamos

Ya estaban casi en la puerta del castillo cuando de repente oyó revuelo y se giró para ver qué ocurria. Era el escocés. Sonrió y le aguardó para entrar juntos.
Galbart


Por favor, cuando quieras.- Los señores de Castellfosc estaban sentados en las altas sillas de roble del salón principal. Galbart le había dicho a Carrie que la historia que le iba a contar el campesino les iba a arreglar un par de obras. Galbart no le enseñó el cráneo, esperaría hasta el final del relato.

-Mi señora, tiempo atrás, mucho antes de que ni tan siquiera mi abuelo viviera, el Reino estaba en manos de otra gente venidos del sur. Por lo que cuentan los ancianos, eran implacables, sin duda alguna. Estos invasores empezaron a propagar su cultura por entre las gentes que aquí vivían, algo que no podía consentir la curia. Pero, ¿qué podían hacer ellos? Cuentan las historias antiguas, que un grupo de sacerdotes se unió para combatir por su cuenta a los invasores. Dicen que se reunían las noches de domingo a lunes para hablar de cómo iban a afrontar la crisis de fe que había en estas tierras. Pero su forma de combatir a las hordas del sur no era la habitual, con espadas y hachas, no, no... Estos hacían rituales prohibidos, ¡Invocaban al mismísimo demonio!- Hizo una pausa. El escocés. Sacó de la bolsa la calavera y la miró de nuevo. Carrie también la miraba.

-Hicieron pactos con la criatura sin nombre. Según nos contaban las viejas, estos clérigos se hacían llamar los Caballeros de la Liberación de las Santas Tierras. Hicieron multitud de ritos invocándole. No sé por qué lo hacían ni tan siquiera quiero saberlo, pero una cosa está clara, nunca creí en esas historias. Bueno... cuando era pequeño sí, era una historia que nos contaban para que volviéramos temprano a casa. Mi señor, mi señora... deberíais deshaceros de esos sirvientes del dem...- Carrie lo interrumpió mientras alargaba el brazo para coger la calavera que el de Caithness le pasaba.

-¿Qué es esta marca?- El escocés le indicó que continuara.

-Ah mi señora, esa marca es la marca de la condenación. Forjaron un arma con esa forma para marcarlos por el resto de la eternidad. Cuando los descubrieron, los condenaron de inmediato y los ejecutaron con órdenes de dispersarlos por toda la región para que nadie en el futuro pudiera adorarlos... Mis señores, os pido que enviéis al párroco a purificar el suelo de la exhumación y que por favor os deshagáis de esos restos malditos.- El escocés se levantó y señaló a un joven que allí había.

Dale un plato de comida caliente. Nos ocuparemos de ello... Enviaré un mensajero para que avise al párroco y yo mismo en persona destruiré los huesos de esta abominación. Gracias por tu tiempo y... una cosa.- El escocés pensó lo que iba a decir pero se lo guardó.- Nada, perdonad, podéis marcharos.

Carrie y él se miraron. Guapa. Hermosa. Galbart hizo un gesto con las cejas indicándole el dormitorio. Galbart entró después de Carrie y mientras ella subía las escaleras, él cerraba la puerta. Subió las estrechas escaleras y se encontró a Carrie sentada en la cama mirando el cráneo del clérigo. Alzó la vista y con la mirada le preguntó, ¿qué es lo que va a arreglar esto?

-Sí. ¿Conoces al comerciante escandinavo que anda por toda Europa comerciando? Chris Trolls, coincidí una vez con él en Valencia. Un tipo extraño... Me comentó que andaba buscando unas calaveras con unas marcas. Su descripción coincide con las del cráneo. Me dijo que me daría un saco de mil monedas si encontraba una. -Sonrió. -¿Crees que con eso podremos dar pan a nuestros hambrientos vasallos?- Su sonrisa se hizo más amplia mientras se acercaba poco a poco a ella.

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Galbart


No hacía mucho le habían nombrado Adalid del Reino, justo antes de que le robaran la espada y las alforjas del caballo, que contenían algunas monedas y papel, bien valioso donde los hubiera. Pero también tenía unas tierras que gobernar y ahora que se encontraba mejor, podría dejar de lado el trabajo de escritorio y volver a la acción. En primer lugar había convocado a la capitana de la guardia junto con un contingente de otros seis hombres. En segundo lugar iría a la herrería a encargar los goznes y las bisagras de las nuevas puertas puesto que iba iniciar las obras de reconstrucción. Ahora que tenía sueldo, se lo podían permitir, aunque sin muchos gastos. Y finalmente recibiría a la galeno Destino, que la había tratado durante los dos días anteriores y que le había curado tanto los golpes como esa enfermedad de la que todo el mundo hablaba. Pero antes de hacer cualquier cosa, debía desayunar y aquella mañana tenía especial hambre. No encontró a Carrie y supuso que se había marchado al Palau, a gobernar el imperfecto Reino de Valencia.

Bajó las escaleras y abrió la puerta, el salón estaba caliente porque los tres fuegos estaban encendidos. Siguió bajando hasta la cocina en donde se sirvió él mismo la comida que consistió en queso, pan y una de las últimas manzanas que quedaban. Subió al salón cargando todo ello con las manos, sin necesidad de bandejas, entonces, cuando se disponía a sentarse, un hombre de aspecto recio entró en el salón acompañado por un guardia. Galbart, suspiró y preguntó.

-¿Que deseáis, buen hombre?- El hombre habló tan rápido como pudo.

-Mi señor, la gente está alborotada ahí fuera... eh, perdonad, soy Rodrigo, panadero y único proveedor de pan de la ciudad, y quería decir que he sufrido acosos y.. mi señor, no puedo más, estoy desbordado, no soy capaz de abarcar todos los pedidos, yo...- Galbart levantó un dedo pidiendo silencio. Reflexionó y partió un trozo de pan.

-¿Cuáles son los mínimos indispensables para que la panadería destruida funcione?- El hombre se quedó pensando y al cabo de unos segundos contestó.

-Pues verá mi señor, el horno, por supuesto, y una mesa o cualquier cosa plana... Pero que no sea el suelo... y también mano de obra.- Galbart escuchó atentamente y se comió el trozo de pan.

Bueno, pues, contratad un par de manos más, trabajaréis en la otra panadería también, está destruido, pero me consta que el horno permanece intacto, en cuanto a los muebles, si no encontráis nada plano, que la guardia ceda una de sus mesas para que podáis amasar, ya encargaremos otra mesa. En cuanto a la reconstrucción del edificio, no creo que molesten mucho, partiremos los turnos de trabajo y ya está. Por la mañana vosotros y por la tarde los albañiles. Empezad ya. Y vos, -señaló al guardia y se fijó en la cara de alegría del panadero- decidle a la gente que a partir de mañana la otra panadería estará en funcionamiento.- Cuando se retiraron, el escocés pudo devorar el desayuno. La cuña de queso junto con el pan desapareció en apenas tres minutos y la manzana tres cuartos de lo mismo. Cuando acabó se preparó para recibir a los primeros invitados concertados. Antes de recibirlos, puesto que quedaba aun una hora, se concentró en las caras de aquellos hombres y en cómo habían sido capaces de rodearlo sin apenas darle tiempo a reaccionar. Sin duda alguna, se conocían mejor que nadie el bosque, incluso le había dicho a Carrie que mandara a la guardia y que cercara el bosque, pero ni aun así había resultado. ¿Dónde estarían? Pensó en el hecho de que seguramente estaban de paso y se dirigían a su guarida, o posiblemente hacia otro lugar en el que dar un golpe. Muchas conjeturas y pocas respuestas, pero por eso se reuniría ahora con sus hombres.

Llegada la hora, el de Caithness bajó a reunirse con ellos. Antes de empezar echó al resto, a los que sobraban allí. También se fijó en el grupo que traía la capitana de la guardia, Romualde. Dos mujeres y cuatro hombres más ella misma. Los señores, Carrie y Galbart estaban satisfechos con el trabajo de Romualde. Se había encargado de civilizar a los mercenarios y convertirlos en hombres leales, valientes y capaces en apenas dos meses. Galbart había visto sus métodos y tenía que decir que eran duros, muy duros, pero el resultado era impecable, y allí estaba la prueba. Galbart sonrió y se acercó al grupo y les ordenó que se sentaran en la gran mesa. Él la presidía, a su izquierda la silla de Carrie estaba vacía y a su derecha estaba Romualde.

-¿Qué tenemos?- Preguntó el escocés mirando a Romualde.

-Nada. Cercamos el bosque como nos ordenó la Señora Carrie, y después fuimos entrando poco a poco en él, disponíamos de pocos hombres y además, el sistema de alarma era bastante caótico.- Su acento francés resultaba... curioso de escuchar. Después de pensar algo tan importante como era el sentimiento que le causaba el acento de Romualde, el escocés, se levantó, para hablarle de las conclusiones a las que había llegado y contrastar opiniones.

-Bien Romualde. He estado pensando, y lo que puedo asegurar con certeza es que esos hombres se conocen muy bien el bosque. Por otro lado, me figuro que si no viven en el bosque, o bien no nos hemos dado cuenta, o bien tenemos dos opciones: la primera es que se dirigían al oeste porque iban a su guarida, o porque iban a dar un golpe por ahí; y la segunda opción es que simplemente estuvieran de paso, cosa que dudo porque ese bosque lo conocían muy bien. Cuando supe de su presencia, no tuve tiempo para reaccionar porque me rodearon en muy poco tiempo.- Miró a los presentes y se dio la vuelta y caminó hacia la ventana. Una lluvia fina rociaba las tierras de Castellfosc. Debía actuar.

-Podríamos volver a mirar en el bosque.- Sugirió uno de los soldados. Galbart se dio la vuelta y se fijó en la severidad con la que Romualde miraba a su soldado. El escocés sonrió.

Sí, volveremos a mirar, pero antes quiero que vayáis y preguntéis a todos los médicos que haya en cinco leguas a la redonda y les interroguéis. Preguntadles si han tratado a alguien con el brazo roto. Fijaos bien en ese detalle, si veis a alguien con el brazo roto lo traéis inmediatamente a Castellfosc. Romualde, que se encarguen tres de tus hombres. No quiero estandartes ni símbolos, utilizad esa información como último recurso. Mientras completáis esa tarea quiero que se preparen todos los caballos, vamos a salir a por esos desgraciados. Ningún bandido merodeará por mis tierras. Saldremos tan rápido como regrese el primer grupo. Podéis retiraros. - Los soldados se levantaron y salieron delante de Romualde. El escocés no estaba seguro de lo que acababa de hacer, pero acabaría con aquella amenaza. Enseñaría a sus gentes que el bandidaje en sus tierras estaría duramente penado y más aun cuando dañaban a su señor.

Seguidamente, fue a ver al herrero, José el tuerto le llamaban. Era fuerte y musculoso y lucía un parche hecho con unas telas de color blanco, aunque de blanco no tenían nada, que le daban vueltas a la cabeza.

Si no hubierais destrozado nada, no tendría que hacer nada esto. -Se quejó el herrero a Galbart. Un comentario valiente, sin duda alguna.

Ya, y si no fuera por esto, no tendrías trabajo. Te he visto parado últimamente. Si necesitas medidas, vete a la carpintería.- El tuerto se quedó cortado y aceptó el encargo de los goznes y bisagras. Las puertas ya estaban hechas y esperaban en la carpintería que había fuera de los muros de la ciudad.

El de Caithness iba ahora a la taberna, a pegar un trago cuando se cruzó con Destino que le paró para poder hablar con él.

¿Su esposa está enferma y aun así la dejáis marchar? - El escocés se vio cortado por la energía de la urgelina. Sí, y además, hay bastante más gente enferma aquí. Si no le importa, aplacemos nuestra reunión, tengo mucho lío.- Cuando el de Caithness quiso replicar, Destino se había ido. "Dioses... ni tan siquiera me ha preguntado cómo estoy" pensó. Siguió de camino a la posada para por fin, beber algo fuerte tranquilo. Cruzó por el mercado, que poco a poco volvía a la normalidad incluso a pesar de la fina lluvia.

La mañana estaba siendo intensa y así debían serlo, eso significaba que había actividad y eso le gustaba al de Caith, el movimiento, el ajetreo, cosas que contagiaban al escocés y le hacían sentirse lleno de vida. Ahora, esperaría a que los Dioses le hicieran un favor y le trajeran al del brazo roto o al menos una pista.


Perdona Destino, sé que tus diálogos son en verde pero los puse de color naranja para diferenciarlos de los míos jajaja Espero que no haya problemas, puedes hacer lo mismo con mis diálogos, en caso de que lo necesites.

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Carrie.


Le habían avisado de que la médica urgelina ya tenía listo su brevaje. A pesar del cansancio y de todo el trabajo que tenía decidió ir ella misma hasta el consultorio, descansar un rato dando un corto paseo le iría bien.

No quiso coger el caballo. El despacho de Destino estaba bastante cerca y hacía viento; le encantaba el viento, sentir sus cabellos revolotear delante del rostro, el frío en la cara... Cerró los ojos sintiendo como la naturaleza se manifestaba, como la envolvía en un suave susurro. Abrió los ojos lentamente para ver un espectáculo cautivador, decenas de colores y tonalidades en los árboles que iban del amarillo pálido al verde más intenso pasando por rojos, marrones e incluso tonalidades liláceas... Las hojas desprendiéndose y alzando el vuelo en un trayecto caprichoso e imprevisible.... ¿Cuanto tiempo hacía que no iba al németon?... demasiado... Recordó aquel día en que tumbada en el suelo, junto a Galbart, mirando la copa del árbol bajo el que se encontraban él le dijo que ellos mismos eran como dos hojas.... Galbart.... suspiró sonriendo. Últimamente tenía poco tiempo para dedicarle, o no todo el que ella desearía... además.. se sentía con pocas fuerzas y.... Sus pensamientos iban de un lado a otro... y sin darse cuenta llegó al consultorio de la Di Valiant.
Se disponía a llamar a la puerta cuando un hombre salió de ahí casi empujándola. Ella se apartó y le miró como queriéndole fulminarle con la mirada. No tuvo tiempo de más, otro hombre le estaba esperando con un caballó, montó y se fueron desapareciendo de su vista al doblar la esquina.

-Habrase visto semejante....-refunfuñó la escocesa mientras entraba y Destino le lanzaba una mirada de interrogación.- Nada nada, este.... hombre que salió. Que ímpetu por los dioses, casi me tira al salir así, me cogió de imprevisto. ¿Es alguien de Castellfosc que vino por la medicina también? ¿habéis tratado a muchos ya?

- Mi dama, sentáos mientras os echo una mirada, ya que habéis venido hasta aquí, antes de daros vuestro remedio.- se acercó para ofrecerle una silla y en cuanto se sentó le observó los ojos con detenimiento- ¿Cómo os sentís? ¿Igual de cansada, más, menos? Y no, en respuesta a vuestra pregunta ese hombre vino aquejándose de una mala caída del caballo. Justo ahora he empezado a tratar a más gente porque estos remedios son largos de preparar, hay que mezlar unas hierbas dejarlas unas días en el exterior para que...

-¿ Has dicho que tenía mal el brazo?- Se levantó de golpe tirando la silla al suelo.- ¿Qué sabes de ese hombre? ¿Te dijo algo? ¿De dónde era, a dónde se dirigía, un nombre... tiene alguna particularidad, algo que le distinga?

Destino se sobresaltó con la reacción de la gobernadora. No le pudo dar muchas explicaciones porque el hombre no había dicho nada, el silencio fue la respuesta de muchas de las preguntas que ella le hizo, sólo pudo sacar en claro que le esperaban, que parecía querer estar bien para ir a algún lugar, no sabía nombre ni de dónde era, no le había visto jamás, sólo pudo decirle que tenía una calavera tatuada en el hombro izquierdo y una cicatriz en el pecho que le subía por el cuello hasta casi la oreja izquierda también.

Carrie salió corriendo y mientras salía le dijo que ya mandaría a alguien a por su poción. Corría como si la vida le fuera en ello.
A las puertas de Castellfosc encontró a Romualde,acompañada de un par de soldados, que corrió hacia a ella preocupada pensando que le había ocurrido algo malo. En cuanto se acercaron lo suficiente mandó a uno de los soldados a buscar los caballos y a alguien más para una expedición. Cuando se fueron, intentando recuperar la respiración le contó a Romualde todo lo que le había dicho Destino sobre aquel hombre herido en el brazo. Estaba segura que era uno de les que había robado la espada y las alforjas a Galbart.
-Dijo que tenían prisa por irse, pero el hombre que vi yo esperando con el caballo no llevaba nada, no podían ir de viaje, tienen que ir a algun sitio cercano para recoger lo necesario, tiene que ser algún sitio relativamente cerca de donde está el consultorio de la doctora Di Valiant. Vamos a encontrarles... quizás ahora con lo de la cicatriz y la calavera alguien del pueblo sepa quien es o nos pueda decir...

-Mi señora, vos debeis reposar. No estáis en condiciones de salir a una búsqueda. Yo me ocupo de todo, no os preocupéis, os prometo que le encontraremos.

De nada le sirvió protestar, sabía que no estaba en condiciones, pero aún así ella no quería quedarse al margen. Aunque finalmente tuvo que aceptar la realidad y aceptar que Romualde partiese con un grupo, tuvo que reconocer que habría sigo más un estorbo que una ayuda. Aquello la enfureció... y entró en el castillo de mala muy mal humor.

- Tú, mándame un soldado que pueda enviar un mensaje urgente al señor, y tú vete al consultorio de la doctora Di Valiant a buscar el remedio que me tengo que tomar. Estoy harta de estar tan cansada. Que te explique bien cuánta cantidad y cuántos días, dile que deben ser los mínimos posibles, que parezco una babosa arrastrándome... ¡¡¡dioses!!! Y que me traigan de inmediato papel y pluma a mis aposentos... ¡¡ya mismo!!!
Galbart


Beleno caminaba lentamente dirección a Castellfosc. La mañana despejada presagiaba un buen día. La temperatura aunque fria, se podía soportar bastante bien. El escocés se separó de sus compañeros para ir a casa y cambiarse de camiseta. Olía demasiado a sudor y sabía que no era un olor agradable cuando trataba con gente de cierta notoriedad dentro del Reino. Había pasado una semana lejos de casa, y quería tumbarse en su cómoda cama. Echaba de menos a Carrie y quería verla cuanto antes. Echaba de menos a sus vecinos en Castellfosc, y también echaba de menos su espada. La sangre le hirvió al recordar a aquel grupo.

Venga Galbart, eres un norteño y no pudiste con esa amalgama de miserables... ¿qué te pasa?- Se dijo en alto a sí mismo. Era cierto, llevaba muchos años luchando contra gente y mas grande temible que aquellos hombres, ¿qué le echó para atrás? El arco quizá... era eso o una intervención divina porque él no rehuía nunca un combate. Pero entonces Carrie se le apareció en su mente y supo que no habían sido los Dioses sino el miedo a que Carrie no pudiera volver a verle, y el miedo, también, a no dejar un legado en el mundo. A aquello fue a lo que tuvo miedo. Lo tenía tan claro como que los Dioses eran los verdaderos señores del universo y no uno solo como algunos pretendían hacerle creer, porque haber, si hay dos tipos de humanos, hombres y mujeres, ¿cómo va a haber un sólo Dios que sea capaz de crear dos formas de vida distintas? Y bueno, si entras en la multitud de seres vivos que hay en el planeta... Sus pensamientos iban de un lado para otro, relacionaba temas de cualquier manera: divinos con mundanos, el comer con el lugar, el tiempo con la posesión, la política con el mar, el jolgorio y la fiesta con con las highlands... Pero todo aquello se esfumó cuando a lo lejos reconoció un estandarte. Su estandarte. Iba hacia el norte y él venia del este. Espoleó a Beleno y cabalgó hacia el jinete que portaba su estandarte.

¡¡ALTO!! ¡¡Soy Galbart!! - Vio como el jinete aminoraba la marcha y como miraba para él. Llevaba un pequeño banderín con el estandarte del árbol con la espada sobre fondo verdinegro. El soldado le contó lo que Carrie había vivido en la consulta de Destino. Fue entonces cuando Galbart cogió la pica con el estandarte, la clavó en el suelo y le dijo a aquel hombre:

Vamos a por esa chusma.

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Galbart


En la consulta de Destino se encontró con tres soldados que acababan de llegar. Se alegraban de verle y rápidamente se pusieron a sus órdenes. Formaban un grupo de cinco personas. Todos iban bien armados y seguirían al de Caithness fielmente. O al menos esa era la impresión que tenía el escocés. El portaestandarte con el que se había cruzado el de Caithness, que se hacía llamar Berna, diminutivo de Bernardo, le dijo que Carrie les dijo que aquellos dos hombres habían girado por la esquina situada a la derecha del consultorio según se salía. Galbart dio la orden de montar y buscar a dos hombres vestidos con casacas oscuras y calzones de colores blancos y azules oscuros. Era de vital importancia capturarlos en aquel momento, pues irían con una hora de retraso como mucho. El grupo lo encabezaba el de Caithness, que miraba a todas partes, y le seguía el resto formando una fila. La marcha era rápida y esperaban encontrarlos cuanto antes.

Tras diez minutos de búsqueda, el escocés amplió el radio de actuación y desplegó a sus hombres formando un cordón. Con eso esperaba encontrar alguna huella que pudiera haber en el terreno y que se saliera de lo que podía catalogarse como común (agricultores y ganaderos). Pero pasaron otros diez minutos y no vieron nada. La desesperación se iba apoderando del escocés lentamente. Entonces una idea le pasó por la cabeza. Hizo una señal y reagrupó a todos sus hombres.

He tenido una idea. En vez de buscar a lo loco, seguiremos a partir de aquí pero en dirección oeste. Pasaremos al norte de Castellfosc, y entraremos en un bosque, pero tengo la corazonada de que tomaran un desvío para entrar en él. Irán por las "Colinas Gemelas" y darán un rodeo para llegar al otro extremo del bosque, ese no es sus detino final, los habríamos encontrado ya, pero tengo un presentimiento, sé que los encontraremos allí, en las colinas. Así que tomaremos un atajo, en vez de pasar al norte de Castellfosc, seguiremos en linea recta y llegaremos a la colina sur de las gemelas, allí les daremos caza. ¡En marcha!- No estaba seguro de haber explicado bien su plan, pero debían seguirle y eso era suficiente. Tenía el presentimiento de que su predicción no era equivocada. Espoleó a Beleno y este se impulsó levemente hacia atrás y salio disparado. El resto de soldados le iban a la zaga al escocés.

Cuando se acercaron lo suficiente a las colinas, aminoraron la marcha, los caballos lo agradecieron y aprovecharon para mirar el suelo.

¡Aquí!- Uno de los hombres seguía el rastro de unas huellas. Miró a Galbart sonriente y el escocés lleno de euforia e ira, desenvainó el hacha. Miró a sus compañeros que hicieron lo propio con sus armas y rodearon la colina sur no por el valle sino por el otro lado. No les llevó ni dos minutos llegar al otro extremo y vieron a lo lejos las dos figuras que andaban buscando. Uno de ellos iba a pie. No parecía estar muy bien. De hecho, parecía ir haciendo eses. ¿Estaba borracho? Era su oportunidad. Galbart le fue dando poco a poco con el talón a Beleno y éste iba acelerando un poco más cada vez. Para cuando los dos bandidos quisieron darse cuenta, los de Castellfosc estaban a menos de diez metros de ellos y avanzaban a gran velocidad. No pudieron hacer nada más que gritar al ver cómo se echaban encima suya.

Atadlos. Amarradlos bien a sus monturas y volvamos a casa.- El de Caithness se sentía bien por haber podido pillar a aquellos bandidos. No les habían hecho daño... bueno, les habían golpeado con sus armas, sino que los habían embestido y se habían tirado contra ellos. Berna y otro hombre se habían golpeado mientras saltaban de su caballo a por el que iba encima de la montura. El otro simplemente se tiró al suelo al ver cómo se acercaban los caballos. Después y sin tiempo para reaccionar el escocés le pegó en la cara un puñetazo que hasta le hizo daño al norteño. Pero ya estaba. Habían pillado a los causantes de tantos quebraderos de cabeza.

Vamos camaradas, buen trabajo, una ronda corre de mi cuenta a nuestra llegada.- Los hombres gritaron de alegría y marcharon alegremente detrás del escocés que por fin podría volver a ver su amada Carrie.

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Destino


Abrió la puerta en cuanto oyó que llamaban. La mujer se presentó y dijo ir en nombre de Carrie Munro-Donan a buscar la medicina que un rato antes no llegó a recoger.

La tenía preparada. Tomad, son estos frascos Debe tomarse uno por la mañana en ayunas, nada más levantarse y no debe tomar nada, ni tan siguiera agua en un buen rato, hasta media mañana si puede ser. Y otro por la noche antes de ir a dormir, pero no inmediatamente después de la cena, que coma ligero y temprano. Hay que dejar espacio entre la comida y la medicina. Es importante. Si se lo toma hoy mañana cuando se levante ya notará mejoría, pero debe tomarse todos los frascos. Tiene para tres días. Después iré a visitarla para ver si el tratamiento ha hecho efecto y si ya podemos tratar la fiebre de alejandría, decidle que todo a la vez no puede ser, pero que la fatiga será lo primero que notará que le desaparecerá. Pero sobretodo, que se tome las seis ampollas. Y que descanse. Si se siente peor o tiene alguna duda que me haga llamar e iré a verla.

La mujer la miraba atentamente sin abrir la boca.

-¿Lo habéis entendido todo bien? ¿Teneis alguna duda?

Negó con la cabeza. Depositó sobre la mesa una bolsita de terciopelo rojo que delató la presencia de monedas dentro de ella, se despidió cortésmente y sin más dilación se fue hacia Castellfosc. Destino salió para ver como se alejaba la mujer y entró para sentarse a la mesa delante de unos grandes libros que le habían prestado en la universidad.

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Galbart


-Tiradle el agua.- El hombre que tenía detrás estaba sentado en una silla, inconsciente y atado de pies manos a la silla. Dos hombres de la guardia de Castellfosc estaban con el escocés en el calabozo que se había convertido en un salón de interrogatorios. El día anterior con la captura de los dos hombres el de Caithness pudo dormir mucho mejor, con la satisfacción de tener las respuestas a lo que él buscaba en su poder. Pero aquella misma mañana, antes de irse al calabozo habían tenido que recibir a un visitante del sur.

Mi nombres es Rahim Al-Dahla, soy un famoso constructor del Reino de Granada. Estoy recorriendo los señoríos de toda la costa mediterránea para ofrecer mis servicios a todo aquel que los desee.- El escocés lo miraba atentamente desde su silla de roble junto a la de Carrie. Estaba sentado de cualquier forma pues no tenía ganas de seguir allí. Todavía no se acostumbraba a ver gente tan oscura. - Mis construcciones me avalan, he reparado navíos también, pero destaco sobre todo en el arte de trabajar la piedra, bueno, no yo, claro, sino mis trabajadores.- Sonrió a Galbart. Parecía sentirse incómodo con la penetrante mirada del escocés.- He hecho desde la más básica carretera hasta sofisticados sistemas de riego pasando por murallas y edificios de gruesa piedra. Podría decir que...- Dejó de hablar porque vio que el escocés se levantaba. Galbart se acercó al oído de Carrie y le dijo algo. Después la beso y se disculpó con el moro.

-Lo siento, pero tengo unos asuntos complicados entre manos, creí que ibas a ser más rápido.- Cuando se iba el escocés Rahim le dijo:

-Podemos hablar más tarde, mi señor.

-Lo que tengas que hablar háblalo con ella. Es señora de este lugar tanto como yo, así que, adelante, habla.- Dejó al constructor dubitativo. Y el escocés sonrió a Romualde de la que pasaba. Ella se acercó aún más a Carrie.


El agua salpicó al escocés en una mano. El hombre atado empezó a toser y a intentar moverse y al saber que estaba atado se puso más nervioso.

-No te funcionará. No le funcionó a tu compañero, que por cierto colaboró diligentemente y ahora disfruta de un poco de aire fresco.- Galbart se dio la vuelta y miró a los ojos a aquel hombre. Tardó en reaccionar. Quiso escupir al escocés mientras insultaba a su madre pero uno de los guardias, que había estado en el asedio a Castellfosc, le propinó un puñetazo en el vientre haciendo que el escupitajo se le cayera en los pantalones.

-Déjame que me presente. Soy, Sir Galbart Donan de Caithness, Señor de Castellfosc, si me cuentas lo que quiero te dejo ir con tu amigo.- El escocés sonrió. El hombre no habló en diez minutos, pero bofetadas y cortes acabaron sacándole una confesión. El escocés detestaba a los que se hacían valientes. Eran los peores porque le hacían perder tiempo.

Entonces, hagamos un repaso. Sois una compañía de mercenarios o bandidos o asaltantes o alguna estupidez de esas, que se dedican a hacer cosas de mercenarios, bandidos y asaltantes. Sois cuarenta en total y soléis trabajar en la frontera para evitar problemas como el que tienes ahora, me imagino. Pero he de decirte que os vinisteis demasiado al interior y disteis conmigo que soy bastante cabrónn. Muy bien. Ah, sí, tenéis vuestra guarida subiendo por el Júcar. Muy bien, muy bien... Así que si tengo suerte podré matar dos pájaros de un flechazo, recupero mi espada y me libro de un mal que amenaza la seguridad de tres reinos. Deberían darme un premio, ¿verdad? - Los soldados rieron. - Vale te lo has ganado, puedes salir con tu amigo, pero después, pasarás muuuucho tiempo en un lugar frío y lleno de bichos repugnantes. Podría ser este perfectamente.

Cuando salieron del calabozo un sol radiante les recibió, también el aire frío de Diciembre. El escocés fue el primero en salir y guió al prisionero hacia el portón. Los vecinos de Castellfosc miraban al criminal. Alguno le insultaba y otros le lanzaban miradas asesinas.

-Vamos, tu compañero está aquí, lo tenemos atado para que no se escape.- El de Caithness sonrió y miró a la muralla. El prisionero no entendía lo que pasaba hasta que imitó al escocés y miró a la muralla. El alma se le cayó a los pies. Ahora lo comprendía todo y tan sólo pudo escuchar, antes de que la locura lo dominara:

-Colgadlo.

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Carrie.


Terminó de escuchar a aquel hombre, mientras el de Caithness se alejaba.

Bien, bien, entonces nos seréis útil sin duda. Los guardias os llevarán a ver el estado de la muralla y de todas las edificaciones que necesitan alguna mejora. Después espero que me libréis un informe con vuestras propuestas y presupuesto aproximado.

Atendió aún a tres personas más, pero lo que más le impactó fue una madre que imploraba preocupada por sus hijos, que estaban enfermos y no se recuperaban. Por lo que le decía la mujer sufrían la misma enfermedad que pasó ella, la Tarraconensis Malus, pero eso quien tenía que decirlo era la doctora.

- No os preocupéis por vuestros hijos, serán atendidos por la doctora de Castellfosc- hizo una señal a Romualde para que hicieran venir a alguien del servicio- Por lo que decís no parece que sea grave, pero es mejor que los visiten- levantó la mirada y vió a Clemen, le hizo una seña para que se acercase- ella os acompañará a su consultorio y serán visitados a nuestro cargo. Espero que dentro de unos días podáis venir a decirnos que están totalmente recuperados.

La mujer se deshizo en agradecimientos mientras salían. Era normal que una madre se preocupase de ver a todos sus hijos enfermos, ella había pasado por la enfermedad y se imaginaba como debían sentirse aquellas pobres criaturas. En cambio ahora se sentía ya tan bien.. y además tenía a Galbart otra vez en casa, le había echado mucho de menos los días que habían estado separados, ahora se sentía estupendamente bien y llena de energía.

Se dirigía a su despacho, para una nueva votación para no reconocer al gobernador por millonésima vez, pero algo llamó su atención, parecía que había mucho revuelo. Fue hacia la plaza y ahí vio a un tipo colgando y como algunos chavales le daban golpes con unos palos, otros le iban tirando piedras mientras todos ellos le insultaban llamándole ladrón, delincuente, perro miserable, traidor y otras lindezas...

De golpe la gente se apartó para dejar paso a una tropa de gente a caballo. ¿quienes? Entonces lo entendió.. Galbart iba delante a lomos de Beleno, pasó junto a ella. ¿Qué haces que no estás preparada? le espetó antes de sonreirle. Ella sonrió aún más, por fin algo de acción, los dos juntos de nuevo, era mejor de lo que ella esperaba de aquel día.

Al primer jinete que pilló le hizo una seña para que descabalgase y le cediese su caballo. Lía, que también iba a caballo con el grupo al verla, se acercó a ella por si necesitaba algo.

-Lia, que bien que estés aquí, lo siento pero, debes quedarte aquí, te quedas al cargo de Castellfosc, dame tu espada y dale tu caballo- señaló al que le había quitado, si tiene que ir a buscar uno perderá al grupo.

-No os preocupéis señora me quedo al mando. Todo estará bien.- dijo mientras descabalgaba ágilmente.

Ella respondió con un saludo con la mano, estaba tranquila, Lía era de fiar. Espoleó al caballo para llegar junto a Galbart. Seguro que ya sabía donde se escondían aquellos cerdos, había que recuperar su espada y darles a todos un castigo ejemplar.
Galbart


La marcha de los sesenta jinetes llegaba por fin a su destino. A lo lejos, desde su posición, se veían las ruinas de un antiguo castillo en el que se distinguía el humo de varias fogatas. Si lo que le habían contado los reos era cierto, les esperaba una batalla dura más aun cuando ellos contaban con fortificaciones, aunque eran unas ruinas eran mejor que nada. Galbart estudió el terreno. No habían llevado nada, ni mapas del terreno, ni suministros, salvo los dos cadáveres de los antiguos compañeros de aquellos bastardos.

El escocés planteó aquello como cargarse un puñado de bandidos, pero se dio cuenta de que estaban mucho mejor organizados de lo que pensaba. Tenían que sacarlos de allí como fuera o esperar a que los Dioses se pusieran de su lado y sacarlos de allí. Estaba claro que una carga con caballos no serviría, o al menos no parecía que fuera a servir, sobre todo por el coste humano que tendría aquello. El escocés estaba espeso.

-¿Y sí encendemos un gran fuego y los sacamos de allí? - Sugirió a Carrie. - O quizá enviar a alguien con los cuerpos y aparecer nosotros pocos después, quizá salgan de allí.- El escocés asentía. Era buena idea. Pero no saldrían si veían que eran inferiores en número, tendrían que dividirse en dos grupos, sacarlos de allí para que presenten batalla en campo abierto y después...

-¡Lo tengo!- Dijo sonriendo.


A Carrie no le había hecho gracia tener que separarse del escocés, pero no había más generales que ellos dos en el grupo, eso y que el de Caithness no quería que sufriera daños en el combate. El escocés encabezaría un grupo formado por quince soldados. Los más grandes y fuertes. Iban bien armados. Por lo menos todos tenían escudos y empuñaban lanzas. Luego llevaban cuchillos largos, hachas y el más agraciado una espada en el cinturón. Sea como fuere, debían sacarlos de allí, y aguantar que cargaran contra ellos mientras Carrie, hacía su trabajo. La escocesa, dirigiría una carga de caballería. Para ello tendrían que dar un rodeo, siempre lejos del alcance de la vista de los mercenarios, y después cargar. El hombre que se encargaría de llevar los cadáveres sería Oleg. Al que Galbart había encomendado aquella tarea sin explicarle los riesgos. Simplemente le había dicho que se acercara lo máximo posible, que tirara los cuerpos y saliera tan rápido como fuera posible de alli. Eso sí, antes debería clavar en el suelo un estandarte. El estandarte de la familia Donan-Munro. Eso los enfurecería aún más y haría que tuvieran más ganas de salir a por ellos, más que nada porque no distinguirían la bandera, lo asociarían con el de algún señor menor con ansias de poder y saldrían a partirle la cara. Eso es lo que le había dicho Carrie que harían y creyó aquel razonamiento.

En cuanto salió Oleg con los cadáveres y el estandarte el grupo de Galbart se puso en marcha. No supo por qué, pero se puso a pensar en el moro que iba a trabajar en Castellfosc, ¿cómo era? ¿Raín? Que más daba, no se sentía cómo con aquel hombre pululando por Castellfosc. Entonces se enfureció. Y aquello lo aprovechó para arengar a sus compañeros. Las ruinas cada vez estaban más cerca.

-No temáis. Vivir o morir está en la mano de los Dioses. Sólo ellos saben si ganaremos o perderemos. Luchad. Y si caéis, seguro que los Dioses os acogerán con orgullo. ¡Por Castellfosc!- El rugido de sus hombres, a los que no parecía importarles que le hablaran de varios Dioses, sonó muy fuerte. Era el sonido de la guerra, era el sonido que ansiaba escuchar el escocés. Fue entonces cuando Olegario clavó el estandarte y varios hombres salían a por sus compañeros. Vio una flecha dirigida contra el joven, pero falló. Oleg cabalgaba tan rápido como pudo y se perdió en el horizonte. Sus mirada volvió a las ruinas de la frontera y varios de aquellos desgraciados los señalaban. Se estaban preparando para salir a por ellos. El plan funcionaba. Una de las mujeres que estaba en su grupo comentó algo sobre un hombre en una atalaya. Galbart también lo vio y dio la orden de estar preparados. La formación en la que marchaban era un cuadrado. Quizá no era la más adecuada, pero sí para defenderse que era lo que pretendían.

Cuando estuvieron lo suficientemente cerca pararon y alzaron el estandarte. Los bandidos/mercenarios/asaltantes salieron de su guarida gritando. Se veían superiores en número y fueron conscientes de que no sería un problema vencerlos eran casi 3 hombres contra 1. Los bandidos salieron de su guarida y gritaban palabras como, "venganza" y "muerte" y frases del estilo "las botas son para mi", "las armas para mi" y un clásico, porque se decía en todo el mundo entre los mercenarios "el dinero es mio". Era divertido escuchar aquello desde el lado contrario, pues el escocés siempre había estado en el lado que gritaba aquellas cosas, en Escocia, cuando pertenecía a la compañía militar Sol del Norte. Era curioso como cambiaban las cosas en cuestión de tan poco tiempo.


La batalla iba a comenzar, ellos estaban en formación y los mercenarios también. Desde la distancia, Galbart, no distinguía a los que le habían asaltado, pero seguro no tardaría en verlos rodeados de moscas. Entonces los mercenarios cargaron contra ellos. "Panda de borrachos, no tenéis ni idea de lo que hacéis", pensó Galbart mientras sonreía. Sólo esperaba que Oleg hubiera llegado ya a su destino y que la caballería estuviera en camino. Ellos tratarían de aguantar, pero Carrie debía llegar a tiempo. Ellos estaban a cuarenta pasos de ellos, corrían como locos hacia ellos.

Escudos y picas al frente.
- A Galbart se le ocurrió cargar contra ellos, pero no le pareció algo lógico. Empuñó con fuerza el escudo y el hacha y entonces... la tierra vibró.

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Carrie.


Se alejó comandando el grupo de caballería no sin cierto pesar. Aunque sabía que el grupo de Galb era fuerte, estaban bien armados y eran buenos en la lucha cuerpo a cuerpo y no le pasaría nada.. lo difícil era llegar justo a tiempo, eso le preocupaba pero sabía que confiaban en ellos y no podían fallarles.

Cabalgaron ràpidamente dando un gran rodeo para que no les oyeran, y en cuanto ella dió la señal fueron poco a poco para acercarse sigilosamente, algo difícil tratándose de más de 40 caballos y jinetes, pero todos estaban concentrados en lo que hacían, sabían que tenían una gran responsabilidad y que el primer grupo que se acercaba a pie dependía en gran parte de ellos.

A una nueva señal se pararon totalmente. Estaban ocultos a los ojos del enemigo entre los árboles y los arbustos que rodeaban lo que antaño debía haber sido un gran castillo señorial, ahora ya en ruinas y convertido en refugio de malhechores y delincuentes. Carrie descabalgó y se acercó algo más a pie. Divisó el fuego de las hogueras y también las ruinas. Estaban ya cerca y no se oía aún nada. Debían esperar pacientes... En cuanto oyesen movimiento debían ser rápidos, muy muy rápidos.

Oyó un graznido muy cerca de ella. Maldito cuervo Se quedó helada. ¿Quien había ahí? ¿Un vigilante del grupo? ¿Un simple cazador? Se agazapó y se acercó hacia donde había oído la voz. El cuervo le intentaba picotear y él con las manos le espantaba. Cogió un palo para darle al pájaro pero el cuervo seguía revoloteando sobre su cabeza y parecía querer picarle mientras se burlaba de sus torpes intentos de ahuyentarlo. Se volvió para coger un arco y le apuntó con la flecha. No serás un gran festín pero hoy terminas en la cazuela. Vas a ver

No tenía pinta de cazador. Era uno de ellos, seguro que estaba vigilando. Seguramente el arco y las flechas eran para enviar una señal si veía algo. Miró hacia donde estaba el resto del grupo. Esperaba que los caballos no les delataran y alertaran al vigilante. No podía dejarlo ahí porque podía descubrirla, así que tenía que aprovechar su distracción.... el cuervo no paraba de moverse y el hombre intentaba en vano apuntar para dispararle, por suerte estaba muy concentrado en el ave... así que tomó una determinación... se acercó lentamente mientras sacaba su cuchillo escondido en la pernera del pantalón, se situó detrás suyó y justo cuando disparaba la flecha se levantó y le rajó el cuello de mitad a mitad. La sangre le salía a borbotones y el hombre se ahogaba, intentaba cogerse el cuello, pero apenas duró la lucha por su vida, cayo en el suelo desangrándose y dejó de oírsele.

Volvió a poner el cuchillo en su sitio y volvió con el resto del grupo. Se acercaron un poco más siempre atentos a lo que sucedía y al cabo de muy poco oyeron voces.

- ¡¡Bastardos!! ¡¡Hijos de la gran p*ta!!¡¡Vais a morir!!


Levantó la mano a la espera de que salieran a atacar el grupo y cuando empezaron a oir caballos la bajó dando la señal al grito de ¡¡Vamoooooos todos a por ellos!! ¡¡No dejéis ni uno en pie!! ¡¡Por Castellfooooosc!!

Todos espolearon los caballos gritando, confundiendo sus gritos con los graznidos del cuervo que sobrevolaba el grupo tal como si les guiase hacia la batalla.

Cuando llegaron junto al resto del grupo ya estaban en plena batalla, habían conseguido mantener la formación y Galbart estaba el frente. Ellos harían limpieza desde atrás hasta llegar a sus compañeros y a su señal un grupo de cinco jinetes se separó para atacar por el flanco derecho y otro igual por el izquierdo, los rodearían para que no puediesen escapar y quedasen atrapados.

Carrie al frente cargó contra los primeros que se habían dado cuenta del engaño y se dirigian hacia ellos. El sonido de las espadas y los cascos de los caballos imperaban en la contienda. Se defendió del primer ataque con el escudo y siguió adelante, esquivó a uno que iba a pie y que casi logra herir a su caballo, entre dos consiguieron deshacerse de uno de los enemigos. Buscó a Galbart con la mirada, ¿dónde estaba?. Tiró de las riendas y el caballo dió una vuelta sobre sí mismo, entonces una sensación rara le hizo girar la cabeza para ver como de su brazo izquierdo emanaba sangre... pero ni le dolía aún... se enzarzó en una pelea contra el que la había herido y entonces alguien también hirió a su caballo que se derrumbó bajo sus patas. Ya en el suelo corrió esquivando golpes y saltando por encima de los heridos y los muertos para alcanzar el grupo de Galbart.
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