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[RP] El Palacio-Fortaleza de Mequinenza

Kossler


Kossler se encogió de hombros, las manos cogiendo todavía las riendas.

-Será que la gente le tiene miedo al sol. -Contestó el de Castelldú, indiferente. -Y no te habrán dicho nada porque todavia te asociaran como Duquesa. -Añadió, soltando un bufido. -Anda, ve a tomarte una cerveza. Estoy seguro que la que te han servido en Cataluña no tiene tan buen sabor como la de Caspe... -Dijo el caspolino mientras encaraba la yegua hacia el camino. -Tadeita necesita descansar, acaba de llegar de viaje. -Dijo lanzándole una sonrisa cómplice.

Luego miró a Noega y le dirigió un último gesto de despedida.

-Que vaya bien la cerveza, da Lúa.

Y se dispuso a ordenar a la yegua comenzar el trayecto hasta Mequinenza, sobretodo a su Palacio, en una primera instancia, llamado el Palacio de dos Aguas. Resopló de nuevo y se detuvo.

-Anda, vamos a tomar una cerveza. Invito yo. -Añadió tras el prolongado silencio.

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Noega


¿Pues no le estaba echando un rapapolvo allí delante de la Contess de Bétera?¿Pudiera ser que las ínfulas de aquel hombre no tuvieran límites? Se cruzó de brazos mientras un extraño calor comenzaba a subirle por la espina dorsal y terminaba por quedarle estancado en las mejillas. Si no hubiera estado arriba de su montura seguramente le hubiera dado un buen manotazo en el hombro.

-Tadeita necesita descansar, acaba de llegar de viaje. -Dijo lanzándole una sonrisa bobalicona - Ahhhhh que se trata de eso - Pensó - La hora de la primera siesta....

El semblante le cambió e incluso mediosonrió - Que vaya bien la cerveza, da Lúa - Bien no...estupendísima - dijo tan irónica que ella misma se asustó - Anda, vamos a tomar una cerveza. Invito yo - Definitivamente no os molestéis, sé como llegar. Encantada de veros Contess... - Dijo envolvíendose en su capa, mientras salía por el mismo arco dándole una colleja al vigía que no le había interrogado - ¡¡¡Válganme los dioses!!! podría haber sido una espía, una intrusa, una terrorista, e incluso pirata....- se fué murmurando conspiranoicamente.
Tadeita


Se acomodó en la montura que le ofrecía el de Mequinenza, -cuanto echaba de menos a sus animales-, extrañaba cada caballo y evitaba tener que montar en ellos... pero con el marqués no había otra... era pasión...

Tiraba de las riendas para seguirle cuando apareció de la nada la duchesses, buenos días Noega, le dio tiempo a decir antes de que se enzarzaran en lo que parecía una discusión de pepa-y-avelino (*)... les escuchaba, intentando no sonreir. Ciertamente, la situación parecía preocupante, no sólo las sensaciones con el general, sino las palabras de la dama de los cuervos... respiró hondo...

Permaneció en silencio, mientras las palabras brotaban a su alrededor...

- Encantada de veros Contess... dijo Noega... igualmente Duchesses, le contestó antes de que desapareciera por dónde mismo había llegado...

Miró al de Mequinenza... todo un carácter dijo al escuchar la colleja que se había llevado el pobre soldado...

- Os sigo, dijo comenzando a espolear al animal tras él.



* Chiste malo para entendidos, ni caso...

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Kossler


Cuando la da Lúa se fué, de repente, Kossler encogió los hombros. Cómo una persona podía cambiar tanto en tan poco tiempo con sólo dejar de tener el peso de la responsabilidad sobre los hombros. Miró a Tadeita, que ya había estaba a su par y subida al animal. No parecía en absoluto cómoda, se veía que no disfrutaba el hecho de montar a caballo. Esperaba poder acostumbrarla con el tiempo.

-Por aquí. -Dijo el caspolino, encarando su montura.

Luego susurró al animal y empezó caminar, pasando luego al trote. Comenzaron el trayecto que duraría un cuarto de hora hasta Mequinenza.

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Tadeita


Días después...

Y allí estaba, como siempre, trabajando encerrado en su despacho, cada vez con más responsabilidades, un par de toques... no había respuesta... asi que interrumpió como solía hacer... con varios legajos que puso sobre su mesa...

¿Tenéis un instante? lo tuviera o no, ya se lo había tomado por derecho... le sonreía... se acercó a él y le besó en la frente...

veamos...

Extendió el primero de ellos... esta es vuestra lista.... extendió el segundo, un poco más largo... esta es mi lista... y por último, extendió uno enorme, lleno de nombres, que caía por el borde de la mesa... y aquí los enemigos en común... los cuales iba tachando... no, no... no... no... no, por el altísimo... no, no...

Le miraba, torciendo el gesto... ¿qué os parece algo sencillo y en familia? dadas las circunstancias, quizás sea lo mejor...

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Kossler


Kossler levantó la cabeza cuando oyó la puerta abrirse. No había sentido llamar. Estampó una última firma en un documento y luego posó la pluma en el tintero. Se mojó las manos en un barreño de agua para limpiarlas de tinta y luego se las secó con un pequeño pañuelo que colgaba a su lado.

Prestó atención a los papeles que ella había esparcido sobre la mesa.

-La lista de los enemigos en común me parece corta. -Dijo mirando la lista, jocoso. -Pensaba que tendrían que traerla por lo menos tres o cuatro criados.

Tomó la pluma del tintero y escribió un par de nombres más que se le habían venido a la cabeza y no figuraban en la lista.

-No. -Repuso. -Con lo que esto va a fastidar a los de ese papel... -Dijo señalando la lista de enemigos. -Yo creo que es mejor que sea multitudinaria.

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Tadeita


Multi... tu... repetía en susurros mirándole... ya empezaban a darle los siete males mientras repasaba la tercera lista....

Creo que no tendréis Dragones suficientes para defender Caspe, si a esta horda de gente, iba señalando en la lista más larga... se le ocurre aceptar la invitación y venir... ¿estáis seguro?... desde luego ella tenía claro... que algunas invitaciones se iban a extraviar por el camino.... por algún motivo se acordó de su sorella... con aquel pensamiento ... extravío... es bastante común que los mensajeros caigan en trampas en los tortuosos y peligrosos caminos de aragón y cataluña.... .

Se apoyó en la mesa, frente a él, cura, iglesia... desde luego sóis efectivo Castelldú... prácticamente ella no había hecho nada y ya estaba todo casi listo...

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Kossler


-Habrá dragones bastantes. -Sentenció el de Castelldú, mirando la lista. -No olvides que son soldados bien adiestrados y mucho más capaces que los militares de los otros reinos.

Miró de nuevo los papeles, y luego la miró a ella.

-Me gusta ser eficiente. -Dijo esbozando una pequeña sonrisa. -¿Te apetece dar un paseo por los jardines?

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Tadeita


¿Te apetece dar un paseo por los jardines? dijo él...

Se incorporó rápidamente, sacudió la falda y dio unos pasos... se hizo el silencio y se giró hacia él... deteniendo su paso ¿no esperaréis respuesta? daba por sentado que no había nada más en aquel instante que le apeteciera más que aquello... los jardines esperan... le sonrió... separarlo, aunque fuera un corto rato, de sus obligaciones para con Caspe y los Dragones, era casi un milagro de San Possidonio...

Discutiendo sobre lo divino y sobre lo humano, y sobre todo, por aquellas listas, atravesaron el patio empedrado para dirigirse a los jardines que rodeaban el edificio, cruzaron con algunos arqueros practicando el tiro, las flechas volaban y silbaban al viento al salir disparadas y clavarse en su objetivo final...

... diestros esos arqueros... le dijo mientras caminaba de su brazo... nunca he conseguido dar en blancos en movimientos a tan larga distancia, creo que es una disciplina que se me escapa... ciertamente había abandonado las rudas disciplinas militares, por otras actividades más tranquilas de la corte... pero el ambiente militar que se respiraba continuamente en Caspe, le hacía interesarse por aquellas actividades. Y teniendo al general como anfitrión era sencillo retomarlas.

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Kossler


Se levantó del escritorio con pesadez pero no sin dirigir antes una última mirada a los papeles sobre espacidos que reposaban sobre él. Se le acumularía el trabajo a la vuelta. Hizo una mueca y metió las manos en los bolsillos.

Salieron de Palacio, lentamente y mientras hablaban, cruzando los interminables pasillos laberínticos que convertían Mequinenza, justamente, en una maravilla. Situado en un lugar privilegiado, en una alta loma que caía cortante en un profundo desnivel, controlando el tráfico fluvial del Ebro. Desde dónde se divisaba Caspe y Fraga (por lo tanto, convirtiéndose en algo parecida a una torre vigía para la capital del Ducado) y con unos pasadizos que invitaban a perderse. Eso aumentaba la dificultad de tomar el Palacio, sin mentar los cañones y las dos murallas que lo rodeaban. Por eso el Marqués la había denominado Palacio-Fortaleza de Mequinenza. Tenía todas las características de un bastión militar.

Rodearon Palacio por los jardines, pulcramente podados y cuidados hasta llegar a la parte trasera, dónde se encontraba el arsenal, la armería y un pequeño campo de tiro. En ese momento, algunos de los guardias de Mequinenza, entrenaban.

-No tan diestros como los arqueros galeses o ingleses. -Repuso el General, que siempre tenía un pero para todo. -Dar a un blanco en movimiento es lo más difícil, pero sólo requiere una cosa. Y es la serenidad. La mayoría de arqueros prefieren disparar sin más y esperar que la flecha que disparan, o la del vecino, caiga en el blanco. -Hizo una pausa, mientras observaba el arco de un soldado tensarse. -Y puede que funcione, pero encuentro más práctico pensar dónde va a estar el blanco en el momento que llegue la flecha. Conocer, deducir y ser capaz de predecir con exactitud los movimientos de éste. Para eso, hay que saber cómo piensa, cómo se mueve. -Y añadió finalmente. -Disparar es lo más sencillo.

Se hizo el silencio durante un instante y el General cogió un arco y una albaja repleta de flechas.

-Y bien. -Dijo con manifiesta seguridad. -¿Te apetece probar?

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Tadeita


Le miró sorprendida, ¿probar? ¿ahora?... hubiera preferido algo más romántico, pero quizás aquello sería una buena práctica para destensar, y aclarar la mente.

El campo de tiro parecía despejado, no había posibilidad de matar a nadie por error o un mal desvío... bien, probemos, será entretenido.

No podía evitar sonreirle nerviosa, hacía años que no había disparado una flecha, desde los tiempos del asedio a Castellón... aunque, no se si recordaré...

Tras atarse una de las protecciones de piel al brazo izquierdo... tomó el arco y una flecha de sus manos...avanzó buscando una buena posición mientras apartaba hacia un lado su falda, hizo una señal en la tierra con el pie para colocarse, buscaba la diana con la mirada... uff resopló, no le daría, estaba lejos y había perdido la práctica... le volvió a mirar a él... de perdidos al río, pensó la de Bétera...

Apuntó arco al suelo, deslizó la flecha hasta el descansador del arco, respiró hondo, realizo pequeñas tensiones de la cuerda, hasta que levantó el arco fijándose en el blanco, movía su brazo hacia atrás para tensar la cuerda llevando consigo la flecha... hasta que escuchó un !rassssssssssssssssss!

¡demonios! exclamó bajando inmediatamente el arco, su manga se había rasgado bajo el hombro, las estrecheces del lino y los hilos de seda no habían aguantado la tensión del movimiento del brazo.

Creo que mejor empezáis vos, y yo os observo, le dijo devolviéndole el arco e intentando que el roto no fuese a más...

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Kossler


-Vaya. -Dijo el caspolino al ver el descosido. -Creo que conmigo, a la larga, tendréis que llevar vestidos más holgados que os permitan moveros mejor. -Comentó tomando el arco que ella le devolvía.

Desentumeció un poco los dedos y clavó una flecha en el suelo. Durante unos segundos, se mantuvo quieto, sintiendo oscilar el aire a su alrededor, despejando su mente y su cuerpo. No pensando en nada. A lo sumo, cómo podía pensar una flecha. Pinzó el arco. Trató de escuchar las vibraciones de la cuerda, sin percibir ningún ruido más. Lanzó un bufido y cogió la flecha con la mano derecha mientras sostenía el arco con la izquierda.

Colocó la flecha con precisión y sostuvo la cuerda con las yemas de los dedos, el arco apuntando hacia el suelo. Cuando se disparaba el tiro debía sorprender al propio arquero. Si el disparo era un gesto brusco, la flecha se desviaría y erraría el blanco. Era por eso que la cuerda debía sostenerse débilmente con la yema de los dedos. Suspiró de nuevo, terminando de vaciar sus pensamientos. Tensó la cuerda, sintiendo los músculos de su brazo ejercer fuerza. Alzó el arco en dirección a la diana. Cerró el ojo izquierdo, visualizó la marca, calculó de nuevo el aire, la caída de la flecha. Respiró por última vez. Disparó. La saeta cruzó con velocidad el aire y se clavó en el centro de la diana, aunque un poco ladeada hacia la derecha. Debía de haber soltado mal la flecha.

Dejó el arco y la aljaba en su sitio.

-Tendremos que buscar algo que puedas hacer. -Dijo el militar caspolino. -¿Que te apetece?

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Tadeita


Sorprendente... dijo al ver la flecha clavada...

-Sóis mejor arquero de lo que hubiera imaginado le dijo ciertamente convencida

- mmmm, algo que pueda hacer... se sujetaba la tela descosida de la manga frente a él.... quiero pasear a vuestro lado y que me habléis, se muy poco de vuestras cosas, siempre encerrado en vuestros asuntos militares y políticos, pero aún no llego a vuestra alma... contadme, ¿qué os preocupa? ¿qué teméis?... daba tirones de la manga, y en última instancia, de un tirón, terminó por rasgarla del todo... ¡raaaasssss! ahora ya no tiene arreglo, pero tampoco molesta... perdón, no me hagáis caso... mientras la doblaba y caminaba con el brazo descubierto... ¿dónde habéis aprendido a disparar así?, la última cuestión le daba salida por peteneras... él eligiría el rumbo de la conversación.

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Kossler


El Marqués sonrió y asintió con la cabeza. Le tendió la mano y reanudaron el paseo.

-Mi mayor preocupación... -Dijo mirando al horizonte, y luego a ella. -Es Caspe. Espero que sepáis perdonarme por ello. -De nuevo volvió a perder su mirada y sus pensamientos en otro lugar, cómo era costumbre en él cuando hablaba de algo circunstancial. -Y mi mayor temor es que llegue el día en que no sea capaz de dar la talla. -Dijo sincero mientras se pasaba la mano libre con el bigote. -Desde el día que goberné por vez primera Caspe muchos ojos y esperanzas se han puesto sobre mi y mis responsabilidades, lejos de disminuir al dejar de ser Duque, han ido aumentando. -Hizo una pausa. -Eso me ha convertido, probablemente, en el hombre más influyente del Ducado y con más poder. Está mal que yo lo diga, lo sé. -Explicó el Marqués. -Se me hace difícil poder corresponder a la gente cómo espera que haga. -Y añadió, mordiéndose el labio inferior con fuerza. -Y se me hace todavía más difícil no convertirme en un tirano sabiendo que poseo tal influencia y poder.

Ultimó la frase con un silencio incómodo y luego mostró una sonrisa claramente forzada. Mientras caminaba dió una patada a un guijarro del suelo y levantó de nuevo la cabeza.

-Aprendí a disparar así durante el primer asedio a Caspe. Todos nos vimos obligados a aprender. -Dijo con dureza. -Era eso o morir. -Hizo una pausa. -Por aquél entonces ya era Duque y no podía darme el lujo de perecer o abandonar. No he podido dármelo nunca. Siempre he tenido algo que hacer, algo por lo que luchar, pero nunca para mí. Siempre para los demás.

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Tadeita


Y se hizo el silencio, un silencio extraño, acompañado de una más extraña ráfaga de viento, que asemejaba un repentino vendaval tras ellos, sorprendida, instintivamente se acercó a él para protegerse, y no pudo evitar inclinar la cabeza para observar a espaldas del general, como unos matojos de hojas y raíces secas rodaban empujados por el fuerte aire, solitarios, acompañando al ulular del viento.

Se frotó los ojos para intentar sacarse el polvillo, cuando de repente, el viento cesó, y al fondo uno de los arqueros, vestido con una extraña vestimenta blanca, y con... ave galadriella arcángel, exclamó... la manga que se acababa de descoser, hizo el gesto con las manos buscándola entre sus ropas, pero debía de haberla perdido en el paseo... El muchacho llevaba la manga en su mano y enseñaba al compañero, mediante extraños gestos, alguna nueva estrategia de tiro o de intimidación al enemigo.

Les señaló, el marqués no se había dado cuenta aún... pero, pero... aquello debía ser una locura... prefirió callar, seguir escuchándole... Caspe... y retomar la compostura...

Recuperó, no sin dificultad, la atención en sus palabras... asi que Caspe era su amor verdadero.... bueno, eso lo tenía claro, y no sería complicado compartir su existencia con la ciudad, aquello no era un amor de juventud, ambos eran adultos y lo que buscaba en Kossler iba más allá de un enamoramiento pasajero.

Luchar o morir, le repuso, la decisión está clara sin duda... tiró de su mano suavemente para seguir caminando y buscar un sitio donde poder sentarse... contadme, ¿cuantos asedios habéis soportado?... si había algo que le apasionaba escuchar era una buena batallita.

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