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[RP-¡Abierto!] La Venganza

La_perra


Robando!! – Pensé cuando le vi cogiendo el espejo de la señora -¡Pero qué puñetas haces! ¡Los Señores! – si no fuese consiente que estábamos frente a las habitaciones de los señores, me lo cargaba sin miramientos, mas tenía que controlarme, aun me sentía joven y demasiado virgen para morir, y era lo que me deparaba el destino si me pillaban con las manos en los niños a esas horas.

Mejor gire mi cuerpo y decidí sacar a los niños lo más rápido posible, aun esperaba no se despertaran y que al reconocerme se mantuvieran en silencio. Aunque uno de ellos debería llevarlos el Rata en brazos, eleve la vista ¿quién me había mandado a mí, fijarme en un idiota como este y estar metida en este embrollo?

El rata miraba al pequeño Antso que dormía plácidamente en su cuna y su comentario hizo brillar mis ojos de furia iracunda, su boca se cerró enseguida

¡Adentro! ¡Hija de Belcebú! – abrió el saco, mientras hice fuerzas para coger al pequeño Antso en brazos para pasárselo. No alcance a cogerlo pues hice un paso atrás y me dirigí al Rata ahora ya sin importarme si despertaba el mismísimo diablo aquella noche.

Veras hijo del recondenado demonio! ¿Cómo crees que vas a salir de este palacete con dos niños en una bolsa, cual viejo del saco, sin que nadie y escuchadme bien rata, nadie se de cuenta? – parecía que me habían cogido los demonios y mi rostro medio desfigurado y rojo por la furia se abría paso entre el cuerpo tembleque del Rata para posarse a pequeños centímetros su rostro perlado por el sudor y el miedo.
Ni siquiera pestañeaba, parecía más alta incluso que él, y eso que el Rata me sacaba media cabeza de altura.

Ahora lo haremos a mi forma, te dejaras de coger cosas que no tienen que ver con el encargo del Cerdo, tomaras dulcemente en tus brazos a uno de estos críos, esperaras a que salga de esta habitación y me seguirás en completo silencio, si se despierta el mocoso, será tu culpa, y solo tu morirás sentado en el gran palo mayor, yo misma te denunciare, ¿me has entendido? – el Rata apenas movió su cabeza para asentir. Tome a la niña que estaba completamente dormida, se la pase al Rata y le advertí una vez más, - ni respires hasta que estemos fuera del castillo – luego cogí al niño que era más liviano pues era mañoso para comer y lo acomode en un brazo – ahora vas a salir de aquí, en silencio y bajaras inmediatamente la escalera, me esperas en el pasillo y tomamos camino hacia las letrinas, pásame un cuchillo, por si hay que enfrentarse a alguien. Asomo la cabeza y salió, casi corriendo, mas cuando fue mi turno, un ruido sordo choco contra la pared de la habitación….el Rata miro hacia atrás y me señalo al intruso que no era otro que el mayordomo que me reconoció inmediatamente, aun tenía en mi mano el puñal que recién el Rata me había pasado, o moría el, o moría yo, no había mucho donde elegir, y el Rata ya estaba escaleras abajo, cruce mirada con el hombre de edad y le enterré el puñal por las costillas, el hombre cayo rendido, pase por sobre sus piernas y me dirigí escaleras abajo.


La_rata


A aquella mujer la cargaba el diablo, no tenía la menor duda. Su lengua afilada cual serpiente y sus ojos llenos de ira no podían ser de otro que la misma Criatura Sin Nombre.

Yo llevaré a la niña
– gruñí ofuscado sin tener oportunidad de decir más.

Me coloqué la niña bajo el brazo como si se tratase de un paquete y asomé la cabeza por la puerta. Todo estaba despejado, y salí a la carrera por el pasillo, bajando rápido pero en silencio los escalones de dos en dos, con cuidado de no matarme.

Un ruido sordo metálico captó mi atención a mis espaldas.

¡Cornudo Aristóteles! – gruñí girándome a toda velocidad para ver que ocurría, con tan mala suerte que golpeé fuertemente la cabeza de la niña bajo mi brazo contra el final de la balaustrada de las escaleras.

Señalé detrás de mi esposa, que observaba atónica la situación. Un hombre corría hacia ella. Pero yo no podía detenerme, la maldita cría había despertado y comenzaba con un llanto agudo y desgarrador. Me la saqué del brazo y la cogí en el aire meneándola.

¡Calla maldita! ¡Calla o despertarás a todo el Palau! – dije histérico.

Corrí desbocado por el pasillo hasta entrar en una amplia estancia con una gran mesa de comedor y cerré la puerta hasta la llegada de la Perra. Esperaba que pudiera haber salido de aquel problema a salvo. Uno de los críos no sería suficiente para el Cerdo.

¡Quieres callarte niña! – dije desesperado.

¿Pero qué podía hacer? No sabía nada de niños. Observé la estancia en penumbras. Sobre la chimenea presidía un gran cuadro de los Reyes de Valencia. Nunca les había visto en persona pero cualquier cateto los habría distinguido. Eran estirados y mezquinos, repletos de joyas y con una ostentosa corona. Seguramente aquel era el dato más significativo. Aquello me dio una idea.

¿Has visto que feos son? Especialmente tu abuela… más mala que el diablo… - le conté a la criatura.

¿Pero dónde estaría la Perra? ¡Con matarle valía! No hacía falta ensañarse... Me agaché mientras tanto hacia la chimenea y manché mi dedo en la ceniza. Estiré el brazo hacia el cuadro, y sin miramientos le pinté un vigoroso bigote a la Reina.

¡Así está mucho mejor! – dije sorprendido de mis dotes artísticos.

La niña soltó una carcajada.


Aleida


La niña se encontraba en otra realidad, cuando su ultraje sucedió. Aún dormida, la cogieron en brazos y se la llevaron de su habitación sin que ella percibiera absolutamente nada. Y es que estaba soñando, y he aquí el sueño de Aleida:

Ella con un mazo en la mano le estaba dando en la cabeza a un enanito verde. PUM PUM, era el ritmo que estaba adquiriendo cada golpe. El enanito cerraba los ojos y lloraba, pero Aleida, continuaba dandole sin alguna contemplación.

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Mientras tanto en la realidad paralela las cosas se complicaban mas. Por la desesperación del clima, su cabeza había dado contra algo. Rata estaba siendo demasiado duro con esa beba, y zas, la cabeza contra "algo". Y ahí fue cuando en su realidad el enano le devolvió por primera vez el golpe y despertó, y comenzó el incontenible llanto desgarrador. Lloraba y lloraba. El que la contenía en brazos intentaba contenerla de alguna forma, parecía una tarea imposible pero algo la hizo reír en vez de llorar. Primero, al ver la foto de su abuela hizo que se tranquilizara su cabeza y que el golpe no doliera tanto.

¡Así está mucho mejor! – exclamo luego de dibujar un bigote. Eso fue lo que dibujo en ese extraño cuadro, y la niña que era viva, entendió perfectamente la burla y al ver lo graciosa que quedaba la abuela rompió a reír. Carcajada tras carcajada. Una vez calmada, miró a su captor a los ojos, en silencio. ¿Quien carajo era ese hombre?

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La_perra


Ay! Madre! Que me lo cargué!!! – despotrique bajito mirando la cara inerte del hombre tendido en el suelo, pero no había tiempo de comprobar si estaba muerto, el pasillo pronto seria un torbellino y había que huir si quería mantener mi cabeza sobre los hombros.

Mire al chiquillo que cargaba sobre mi brazo y lo acune, sin sonreírle, lo siguiente era ubicar al Rata y salir de allí, eso antes que la alarma llegara a oídos de los guardias.

Baje las escaleras, rezando, (eso si alguna vez había rezado en mi vida), lo cierto es que en una plegaria mental solicitaba que nada se interpusiera en mi camino, a la misma vez que maldecía, maldecía por estar metida como una delincuente robándonos a los hijos de los patrones, ya llegaba al salón inferior, mire al pequeño niño que poco entendía pero no lloraba, solo miraba pasar las cosas a su alrededor a gran velocidad.

Pensé en su madre, iba a sufrir, si, pero era joven y podría tener mas, encogí los hombros y encontré al rata haciendo carantoñas a la niña
Tenemos que salir de aquí – dije mirando hacia atrás y la niña que reía en brazos del bellaco.

Eso eso, diviertete!!!, seguro no reirás cuanto te cuelguen de cierta parte que te sobra – le lance dándome media vuelta para correr por el pasillo hacia el patio trasero y salir por el costado de las caballerizas.

Muévete idiota que no tardan en darnos alcance – corrimos por el ultimo pasillo, arriba ya se escuchaban movimientos, sin duda, habían pillado al mayordomo, contaba con que lo salvaran y no se fijaran en que los niños no estaban en el cuarto, si aquello funcionaba, estaríamos lejos para cuando salieran a buscarnos, ahora esperaba que el idiota tuviera un buen plan.

Salíamos del pasillo al patio trasero - la bolsa! – le dije desviándome hacia el matorral bajo la ventana de los niños.
No era gran cosa, pero serviría para algunos días.

Apúrate mujer! Gruño el Rata – no es tiempo de hacer las necesidades! – me puse sobre la espalda la bolsa y afirme al niño, ahora si agradecía que fuese tan mañoso con las comidas.

Ayúdame imbécil ! No ves que no puedo con todo? – le entregue la bolsa y corrimos.


Ederne_bp


Las frases indescifrables y cercanía del cuerpo de Nicolás lograron relajar mi cuerpo. Me acomode un poco, e intente olvidar el ruido producido hacía solo minutos.

Parecía que recién había cerrado los ojos y volvía a los brazos de Morfeo, cuando un ruido sordo y el grito de Mateu hicieron que literalmente saltara en la cama.
Sentada como estaba, con el corazón agitado y asustada, inmovilice mi cuerpo, centrando mi atención en aquello que se sucedía en el pasillo de nuestra habitación, frente al cuarto de los niños - mis niños… - susurre llevando mis manos a la boca, como si intentase que mi boca no anunciara lo que mi mente ya había procesado.
Mi rostro estaba desencajado y apenas me di cuenta cuando Nicolás sentado como yo en la cama, se dispuso a salir de ella no sin antes buscar algo con que defenderse al salir.

Le imite, sin miedo, decidida, con la camisola empapada de un sudor frio que acababa de empaparme el cuerpo, y aunque la noche no era fría, un escalofrío me recorrió entera.

Tened cuidado, Nicolás - susurre antes que abriera la puerta.

La puerta se abrió y el cuerpo inerte y ensangrentado de Mateu paralizo todos mis sentidos… la habitación de los pequeños estaba abierta y oscura.

Por las Barbas de Aristóteles! Mateu!! – grite, cogiendo la camisola para avanzar hasta el cuerpo del hombre. Respiraba con dificultad y sangraba mucho – Nicolás había cogido un trozo de tela y ponía mi mano sobre la herida advirtiéndome que presionara, sin hacer ruido se puso de pie, mientras el hombre se quejaba cada vez más débil.

El primer movimiento de Nicolás fue a la habitación de los niños, quizás no se enterasen de lo sucedido y dormirían en sus camas, Mateu balbuceaba palabras sin sentido.
Quise poner mi atención en el, pero, mi mente y espíritu estaba en la habitación de mis hijos…

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Nicolino


Un estrepitoso estruendo, inesperado y metálico, seguido de gritos y golpes, le hizo despertar súbitamente, de una forma similar a aquel que se caía de la cama, y se encontraba con el duro suelo. No era suave, ni una buena forma de empezar el día, que desde el momento que oyó el ruido, dio por comenzado: se incorporó rápidamente, alejando las sábanas y poniéndose de pie casi de un salto, y empuñó la espada junto a su cama tras vestirse rápidamente con holgadas ropas de lino. Sin duda alguna, aquella costumbre de siempre tener a menos de medio codo un arma, incluso cuando dormía, y la capacidad de pensar con más o menos algo de claridad ante sobresaltos semejantes, eran habilidades ganadas en noches de guardia y vigilia en alguna de las muchas campañas militares en las que participó, siendo capacidades indiscutiblemente útiles.

Más de una vez había sido sacado de la cama por la fuerza de su voluntad cuando la situación lo reclamó, siendo sus únicas opciones luchar o dejarse morir, anunciándose la inminente derrota. Y tendría el sueño pesado, y no le daría importancia a ciertos sonidos en particular, pero cuando se oía algo tan anormal como aquel estridente impacto (que exagerando, podría decir era semejante a un cañonazo), era rápido en reaccionar. Pero al atravesar la puerta, la visión le sorprendió...en el suelo yacía Mateu, y de sus heridas (o su herida), manaba sangre a borbotones. Sufría, lo cual significaba no estaba muerto. Hizo un ademán a su esposa para que se ocupara de él.


-¡Bastardos!¡Venid y enfrentadme a mi si sois hombres, malditas ratas cobardes!¡Venid si os atrevéis, u os perseguiré hasta alcanzaros, cortaros la virilidad y hacerosla tragar! -gritó, maldiciendo y amenazando con mutilaciones a la vez, con una expresión en el rostro calificable de intimidante. Había enrojecido de la ira, y apretaba la empuñadura de su espada con fuerza. Entrar en su hogar por la noche, derramar la sangre de sus servidores, y pretender escapar era más de lo que podría permitir.

Pero su cólera fue ahogada por un nudo en la garganta y una inexpresable opresión sobre su pecho, cuando vio abierta la puerta de la habitación de los niños, contigua a la suya. El ver las cunas de madera tallada vacías, su corazón se paralizó, y sintió un vacío, fruto de saber que aquello podría ser irremediable. Soltó la espada. Hasta entonces era una ofensa contra su Casa. Ahora era un ataque directo a él.

-Los niños...-murmuró.-Los culpables morirán.

Sentenció finalmente, afirmando. Porque mientras él viviera, concentraría todos sus esfuerzos en que se cumpliera su sentencia. Brotó en él un sentimiento firmemente arraigado, que clamaba venganza. Encontraría a aquellos que causaron la desaparición de sus hijos, y haría justicia: su justicia, que era más cruel e implacable que la ordinaria.

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Ederne_bp


Algo parecido a un desgarramiento de las entrañas fue el sentimiento al ver salir a Nicolás anunciando que mataría a los raptores de los pequeños Borjas.
Los ojos inundados de lágrimas, vieron salir raudo por las escaleras a un Nicolás enceguecido, guardias, doncellas, cocineros y todo ser viviente en aquel Palau, se despertó ante los desgarradores lamentos que desde el segundo piso se sucedían.

El cuerpo de Mateu respiraba débilmente y con la ayuda de algunos mozos, fue trasladado hasta su camastro mientras el mozo de cuadras salía raudo en un caballo en busca del galeno de la villa.
La cocinera y algunas doncellas, se ocupaban de prender chimeneas, poner a hervir agua para tener todo preparado ante las necesidades que el galeno tendría para intentar salvar la vida del mayordomo.

Yo, apenas regreso Nicolás de organizar a los guardias había olvidado prácticamente todo lo que se sucedía en el hogar, mi mente estaba en saber de mis hijos.
Le cogí por los hombros desesperada de saber si había algún indicio de saber quiénes eran los culpables. Tenía los ojos rojos debido al llanto y con mirada suplicante y desesperada pregunte a Nicolás por novedades.
Pensé en volverme loca y por un momento comprendí el sentimiento que mi madre debía haber sentido cuando me perdí de pequeña en la capital, aun así, tenía 5 años mientras mis pequeños hijos aun eran indefensos, y dependían de mi leche.

Nicolás, hay que salir a buscarlos consigue hombres, la guardia real si es precisa, mi madre no la negara – le dije mientras medio me vestía con pantalones que debido al embarazo apenas me caían y tomaba mi cabello en una coleta

Iré con vosotros a buscarlos
– susurraba palabras al azar – iré a palacio, madre sabrá que hacer, si - balbuceaba, mas para mi que a NIcolas.

Las manos me temblaban y apenas reaccionaban a cualquier orden que mi cerebro quisiera darles.
Nicolás por su parte, estaba en silencio, preparando su espada y dagas que colocaba al cinto.

No iras – susurro de pronto paralizando mi cuerpo – eso no está en discusión Nicolás, ni te atrevas a impedirme hacer algo por mis hijos – susurre sin alterarme - sera mejor que... - deje lo que hacía para tomar pluma y pergamino y escribir

Citation:
Amada Madre:

Hechos tristes se suceden en Játiva, mis hijos han sido raptados por la noche, Mateu esta herido y Nicolás, la guardia del Palau y yo saldremos a buscar a los causantes por los alrededores.
Necesito tu ayuda

Tu Hija

Ederne Berasategui


Salí de la habitación donde doncellas se mezclaban con los guardias que preparaban sus provisiones para salir.
Uno de los más jóvenes mozos de cuadra fue el elegido, se notaba ágil y con toronja podría avanzar mucho más rápido.

Llevad esta misiva a palacio, preocupaos de que sea la propia Reina quien lo reciba, si llegáis al amanecer, contad lo sucedido y que la despierten, es de vital urgencia que solo ella lea la misiva.

El muchacho me observaba con grandes ojos casi sin pestañear, solo asintiendo a cada orden impartida.
Tomad a toronja, mi caballo y apuraos, no volváis sin respuesta.

Le cogí de los hombros y le acompañe hasta las caballerizas, allí espere hasta verle desaparecer por el camino, en dirección a la capital.

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Rose_de_anthares


Pero que día más gris - comentó durante la mañana de aquel día mientras desde su oficina observaba por la ventana el cielo oscuro y la brisa que azotaba a los árboles que rodeaban en patio principal en el palacio real.

La Reina se había levantando temprano, por alguna razón no había podido dormir bien aquella noche, con pesadillas y sintió hasta el momento de levantarse una opresión en el pecho. Pero todo iba bien, las malas noticias siempe llegaban rápido y no había recibido en ningún informe de que algo hubiera mal en el reino.

Sin embargo aquella tormenta que se avecinaba no quitaba de su mente la sensación de preocupación y mucho menos de su pecho, por eso, el sonido de el golpe en la puerta y la entrada de la guardia en compañía de un hombre que parecía haber viajado con mucha perisa, terminaron por ensombrecer su rostro.

- Majestad, este hombre díce trae un mensaje de urgencia desde Játiva y que no se irá hasta que hable con vos - dijo, la Reina les miró, era un joven que parecía haber viajado sin descanso por lo que la reina le piermitió el paso. El Hombre se inclinó en una profunda reverencia y extendió las manos hasta ella con un documento - Por favor mi reina, debéis leer, es de vuestra hija - la reina rápidamente tomó la carta y rompió el lacre.

Por unos instantes se tambaleó y el guardia rápidamente se acercó hasta ella para asistirla. Había leído la carta y las noticias eran terribles - la guardia...la guardia - se tomó la frente y se sentó en un diván - ¡LLamad al capitán de la Guardia ahora! - reaccionó y el soldado corrió a la orden de la reina, se levantó y tomó de los hombros al pobre hombre - Decidme como es posible que se lleven así a mis nietos! ¿¡acaso el Borja no es capaz de proteger a mi hija y nietos!? - el capitán de la guardia llegó ante la Reina - Señora - preguntó

- Organizad a todos los caballeros y la guardia que sea posible, avisad a mis hijos, vamos a Játiva. Mis nietos han sido robados de su cuna ¡DE SU CUNA! - gritó mientras salía de la habitación para prepararse, sin embargo se detuvo y miró al pobre hombre que solo atinaba a mirar a la reina sin poder hacer gesto alguno - os agradezco trajeráis el mensaje. Dadle de comer, ayudadlo, volverá conmigo a Jativa en el carruaje - ordenó saliendo de la habitación.

Su corazón se hallaba contraído contra su pecho, su hija, su familia... Quienes fueran los responsables lo pagarían con la vida y sentirían como nunca antes se vio la irá de la Reina de Valencia.

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Aleida


Era la primera vez que sus llantos no eran escuchados. Le dolía la garganta de tanto gritar, sus ojos le ardían y casi no podía mantenerlos abiertos. Aún seguía en esa bolsa, donde había sido puesta hace instantes atrás. Continuaba en movimiento y no entendía que era lo que estaba pasando. ¿Donde se encontraba su madre? ¿Su padre? Estaba completamente sola, escuchaba voces en el exterior. A una la conocía, la otra... no.

Después de unos minutos, dejo de llorar. Las fuerzas se terminaron y se dio cuenta que era inútil. Tenia frío y mucha hambre. Quería la leche de su madre, la necesitaba para poder subsistir, aun era un bebé.

Miedo, sentía mucho miedo. Cerró los ojos. Estaba débil.

La bolsa en donde estaba, dejó de moverse. Al parecer habian parado en algun lado. Esperaba que la sacaran del saco, por lo que buscando fuerzas de donde no tenía, rompió a llorar nuevamente. Estaba en peligro, lo sentía...

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Nicolino


De repente, de forma totalmente inesperada, como sacudida por una violenta e inclemente tormenta invernal, se abrió a endeble y destartalada puerta que aquella taberna situada en uno de los barrios más desfavorecidos y peligrosos de Xàtiva, donde coincidían varios mendigos que no eran más que falsos ciegos y falsos cojos, pícaros diversos, truhanes y proscriptos por crímenes menores, sicarios y contrabandistas, así como bandoleros y atracadores de caminos, perteneciendo estos cuatro últimos tipos y otros tantos que se reunían en las sombras, a los más amenazadores de todos. Se trataba de un antro inmundo, dónde las mesas, cubiertas con una capa de grasitud, se hallaban demasiado cercanas las unas de las otras, la iluminación era escasa, y aquella tasca de mala muerte, más espaciosa de lo que parecía por la proximidad y mala disposición de las cosas, era lo suficientemente amplia para albergar a los más diversos delincuentes, incluyendo todos los enumerados anteriormente.

Y al abrirse esa puerta con tal estrépito, y verse el rostro del Borja, el ambiente enmudeció de repente. La música cesó, y todas las cabezas se giraron hacia él. Si alguien jugaba a las cartas o apostaba de forma ilegal, se habría tragado las monedas y escondido la baraja en algun lugar no visible e inalcanzable. Cesó todo brindis o grito grosero, cuando tras de él aparecieron las siluetas de dos guardias armados con lanzas y ligera cota de malla. Guardias de su casa, con sus libreas. Estaba claro que no iría a beber. Había sido juez implacable, que habría enviado a varios amigos de algún presente al patíbulo, sentenciado a otros tantos a pudrirse en la lóbrega prisión, y a muchos más a remar hasta desfallecer en galeras, en una época dónde la inestabilidad y la guerra habían causado que hubiera una enorme cantidad de juicios, reos y juzgados. Como arcediano y vidame, no había sido mejor con brujas y herejes, y como Gobernador...aún no lo era, pero como gobernador, sería distante con esa clase de chusma, y tendría el porte de un tirano. Tirano que guiaría con rectitud hacia lo que él consideraba la luz y la verdad, donde no había lugar para ese tipo de gentuza.

Sus pasos rompieron el silencio, largos y firmes, bélicos, haciendo crujir bajo él las putrefactas maderas que eran el suelo de la desvencijada taberna. De su cinturón sacó una pesada bolsa llena de monedas, que algún lombardo avezado por solo ver el volumen de la bolsa hubiera valorado en quinientos escudos valencianos. La tomó en sus manos, y la dejó caer sobre la mesa más cercana. Alzó un brazo, con fría expresión de orador. Intentó disimular su asco:

-Hoy, más precisamente hace unas horas, mis hijos han desaparecido de su cuna, obra de algún canalla, a cuya cabeza pongo precio. ¡No será perdonado tal atropello, ni grave ataque contra mi Casa!. Quién me traiga a los culpables, será recompensado. Se limpiará su nombre, y se lo colmará de privilegios. No más estigmatizantes antecedentes. No más persecución. Nada sino una espada, esa bolsa de oro, y un lugar de importancia desde el cual ejercer el poder.

Pensadlo. Y todo es tan simple como indicar quién es el responsable de tal vileza.


Hubiera preferido utilizar otros medios, y mantenerlo en secreto hasta que él mismo pudiera resolverlo, pero habiendo su esposa escrito a la Reina, poco secreto y discreción podría guardar el asunto. Ahora bien, esas tabernas eran un nido de víboras, informantes y traidores. Era altamente posible de que los culpables del secuestro bien tuvieran oídos ahí y supieran que no se les daría tregua, o que tuvieran algún amigo enterado de sus actos dispuesto a traicionarlos, vendiéndolos por un precio más que tentador: les había ofrecido algo que nunca, ninguno de ellos podría alcanzar por sus medios. Y cuando la recompensa dada le fuera un problema, y ya hubiera recuperado a sus hijos...era tan simple como eliminar al que los trajo de vuelta.

A pesar del dolor y sus dudas de lo efectivo de su estratagema, había mantenido su voz libre de todo atisbo de dubitación, y se había mostrado decidido. Se volteó, abandonando la taberna seguido por la mirada impertérrita del tabernero, que con su tabardo manchado de vino y suciedad, escupió, y continuando limpiando copas murmuró en voz baja:

-Ese canalla se lo tenía bien merecido...¡era obvio algún día le pasaría!. Debe tener más enemigos que todos los aquí presentes juntos.

Mientras, de una de las esquinas más sombrías de la tasca, cuatro hombres con rostros recorridos por cicatrices y musculatura marcada bajo sus ropajes, se pusieron de pie y abandonaron el lugar. Era obvio que irían a hacer. Y cuando se cerró la puerta, el sonido volvió, pero con un nuevo tema de conversación, común:

-¡Vaya oferta ha lanzado!¡Sin duda el mejor contrato de la historia para muchos aquí, je!.

Se oía desde fuera, entre otras frases menos delicadas, a la vez que el Borja subía a su caballo y abandonaba el lugar, con la luz de la luna haciendo resplandecer levemente su cota de malla de acero toledano, sobre sus ropajes negros como la noche. Comenzaba allí una búsqueda que no le dejaría dormir por días.
Desde ahora en adelante el RP puede considerarse abierto, y es fácil cualquiera se entere.

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Mateu


Le habían llevado a su camastro y el galeno hizo acto de presencia no mucho después. La herida era profunda, la limpió con calma y todo el cuidado del que fue capaz; pero pronto supo que Mateu estaba tan débil que parecía no sentir el dolor.

– Re... - movió un poco la mano hasta tocar al hombre que le miraba con preocupación. Necesitaba decirle algo. - Re... - Sentía el progresivo abandono de sus fuerzas incluso para tomar aire y articular las palabras. - Nana... - Sintió que una mano se posaba sobre su frente unos segundos y aunque sudaba, la piel comenzaba arderle. - Re... be... ca – Hizo un esfuerzo sobrehumano para tomar aire de nuevo. - Rebeca... - y la mano quedó inerte sobre la sábana manchada de sangre, tan inerte como todo su cuerpo.
– Se ha desmayado. Haced llamar a la señora por favor. - Comentó a una de las doncellas que instantes después regresaba con la infanta. - Alteza, me temo que no sobrevivirá a esta noche, sería un auténtico milagro si así fuera. - Suspiró como para armarse de valor. - No hace más que repetir un nombre: Rebeca y alguna vez a dicho Nana; si es alguien cercano a él, creo que sería conveniente hacerle venir, aunque pueden ser, simplemente delirios por las calenturas.
Rose_de_anthares


Un viaje que normalmente se recorría en medio día lo habían recorrido en horas. Para cerca del medio día llegó hasta la residencia de los Borja- Berasategui, la casa estaba fuertemente custodiada pero ninguno se atrevió a opornerse a la guardia real que ingresaba escoltando a la Reina.

Cuando llegó a los salones, vió a un par de mujeres que hablaban entre sí, otras, corrían con paños y fuentes de agua caliente. Pero cuando vió bajar a una mujer que vestía ropajes propios de los galenos manchada de sangre y con ropas sucias en sus manos, la de Pern no puedo ni hablar, miró a las mujeres haciendo un gesto, casi sin articular palabras, las doncellas se inclinaron en presencia de su Reina - ¿Herido...hay acaso heridos, dónd...dónde esta su alteza real? - las mujeres se miraron, la reina presa de la impaciencia y la preocupación se acercó a una de ellas tomándola por lo hombros - Os he preguntado mujer ¡dónde esta mi hija! ¿Acaso no he sido clara? ¡Dónde está mi hija he dicho!- la mujer casi entrando al llanto por el miedo respondió - en la habitación de Mateu...

La Reina la soltó y cogiendo su vestido apresuró el paso para subir las escaleras, la guardia no la dejaba en ningun momento. Mientras buscaba la habitación con los nervios en la piel sin mirar siquiera el rostro del capitán le ordenó - buscad a mis nietos, cerrad la ciudad si es necesario, revisad cada casa, arrestad a quien ose oponerse a dar información si la requerís, vigilad la casa de mi hija, llamad a todo el ejército si es necesario - se detuvo en seco un poco antes de llegar a la habitación de dónde podía verse el movimiento y afluencia de personas, se giró y miró a los ojos al capitán - ¿Os ha quedado claro? quiero las cabezas de esos infelices en mi mesa para mañana o será la vuestra la que me cobraré - volvió sus pasos hasta la habitación y en la puerta se detuvo a observar la escena. El hombre a quién había conocido para cuando sus nietos nacieron estaba sobre el lecho manchado de sangre y luchando por su vida, a su lado, tomado de su mano estaba su hija. No era necesario ver su rostro, ella era su madre y podía desde la más temible distancia sentir el dolor de su retoño recorriéndole desde el vientre hasta el pecho.

Cerró unos instantes sus ojos, se calmó, debía contenerse - Hija mía.. - habló con voz suave, la infanta se giró. Sus ojos hinchados por el llanto, su cabello recogido, el nervio de sus manos... - ya estoy aquí - le dijo y se acercó unos pasos hasta ella, abrió los brazos por instinto. Su hija, que era la más fuertes de sus vástagos se quebró como la hija que era y como la madre a quién le habían arrebatado del seno a sus recién nacidos y levantándose corrió a los brazos de su madre.

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Ederne_bp


De un lado a otro en la habitación sintiéndome un león enjaulado, maldecía como quizás hacían los marineros sobre un barco, la noche comenzaba a poner fin para dar paso al amanecer, claro, quizás fuese así mas fácil encontrarlos. Entre las manos el rosario pasaba en una plegaria incesante.

Nicolás había sido claro, -no iras a ningún sitio - por una vez, le hacía caso y aquello me mataba en la angustia. – ¿habría llegado el mensajero a palacio?, ¿habría encontrado Nicolás a alguien que diera pistas? ¿Estarían salvos los pequeños? – la puerta se abrió y una de las doncellas me informo que el médico me necesitaba en la habitación de Mateu, asentí y salí hasta el lugar, aquel hombre había intentado salvar a mis pequeños hijos, merecía salvarse y que yo me preocupara también por el.

La habitación tenía el olor impregnado a las cataplasmas utilizadas para salvar la vida de Mateu
Alteza, me temo que no sobrevivirá a esta noche, sería un auténtico milagro si así fuera. – dijo el galeno con voz pausada y grave. - No hace más que repetir un nombre: Rebeca y alguna vez ha dicho Nana; si es alguien cercano a él, creo que sería conveniente hacerle venir, aunque pueden ser, simplemente delirios por las calenturas.
Abrí mis ojos sin poder comprender lo que el galeno decía, mi mente se encontraba en los criminales que tenían a mis hijos fuera de su cama, lejos de su hogar, mas el nombre que en principio no sonó a nada, pronto tomó forma de mujer.
“Aun tenía un embarazo algo avanzado cuando había contratado a las doncellas que se encargarían de cuidar de los pequeños, aquella mujer se había presentado, y había dado hasta ahora grandes resultados, silenciosa, cumplía cada día su labor, jamás le había visto realizar nada incorrecto,¿ porque entonces la nombraba Mateu? ¿Tendrían alguna relación?, quizás aquella mujer y Mateu eran…” - deje de divagar y me acerque al camastro.

Debéis salvarlo, Galeno –dije al hombre sin siquiera mirarlo - él sabe quien tiene a mis niños – cogí la mano del hombre y le observe un largo rato en silencio, el galeno y las doncellas esperaron pacientemente en silencio también.

Aun tenía en mis manos el rosario que enlace a las manos del hombre que yacía casi inerte en la cama – enviad a alguien a buscar a Rebeca, quizás a Mateu le haga bien saberla cerca – gire un poco la cabeza y medio divise a la doncella hacer una inclinación de cabeza y salir de la habitación.
El galeno se mantuvo en la habitación, controlando las fiebres que el hombre presentaba y controlando las cataplasmas con las cuales intentaba frenar la infección que podría producir el acero en las entrañas de Mateu.

A cada tanto mi mente divagaba por el estado de mis pequeños, el día se levantaba claro y lo más probable era que ambos pequeños estuvieran pidiendo su alimento, ¿donde estarían?,¿ porque un daño con dos criaturas inocentes? – las lagrimas brotaban solas en silencio, Nicolás tampoco volvía, rezar era lo único que en ese momento se me ocurría hacer y la llevaba a cabo con esmero,

- Hija mía.. – la voz de mi madre sonó a mi espalda y el corazón se paralizo por un segundo mientras analizaba, no era que no pensara en que pudiese dejar palacio para acudir a Játiva, sino, más bien necesitaba asumir, cuantas horas habían pasado desde que todo había sucedido, lentamente me gire, incapaz de mantenerme por mucho tiempo más serena, las fuerzas se me agotaban y mi madre no hacía más que demostrarme cuanto necesitaba su abrazo.. - ya estoy aquí – dijo acercándose, con mi vista nublada por las lagrimas que brotaban de mis ojos, mi boca comenzó a borbotar palabras - hirieron a Mateu, el vio a los culpables, mas esta debatiéndose entre la vida y la muerte y no ha despertado hace mucho, ¿quien, mama, quien fue?¿ porque mis hijos, dime, porque? - solté entre lagrimas y gimoteos

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Guardia_real


Esto no debe ser nada bueno. Nunca vi con buenos ojos la alianza de los Berasategui con la casa de Borja - comentó uno de los guardias mientras vigilaba desde las almenas - pues, si no es seguridad, algo mejor debe ofrecer el de Borja - rieron ambos y continuaron con su vigilancia.
--Campesino_valenciano


han secuestrado a los hijos de la Infanta Ederne! han secuestrado a sus hijos! - iba gritando un campesino en la plaza de Játiva ante el asombró de la gente. Murmullos de todo tipo se podía oir entre la gente. ¿Quien podría ser tan malo para hacer aquello?
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